Arvejas, porotos, garbanzos y lentejas que quedan fuera del mercado por estar partidas durante la cosecha o los procesos de clasificación, o por superar los niveles de madurez requeridos, conservan buena parte de su valor nutricional y pueden incorporarse a las dietas de los bovinos.
La importancia económica de estos productos está vinculada principalmente con su capacidad para reemplazar, en determinadas proporciones, otras fuentes de proteínas y energía utilizadas habitualmente en la alimentación animal, como los pellets de soja o girasol y el grano de maíz.
Las legumbres pueden representar, en términos generales, entre el 20% y el 35% de la materia seca de la dieta de los bovinos, aunque la proporción depende de la categoría del animal y de los demás componentes utilizados.
La arveja, tanto amarilla como verde, entera o partida, presenta alrededor de 23% de proteína y un contenido de almidón de entre 40% y 45%. Su digestibilidad de la materia seca se ubica entre el 85% y el 90%, mientras que su energía metabolizable alcanza unas 3,25 Mcal por kilogramo de materia seca.
Además, tiene un bajo contenido de grasa, cercano al 1,4%, y niveles reducidos de fibra. Puede utilizarse entera, con distintos grados de molienda, extrusada o procesada mediante vapor.
Los garbanzos también ofrecen una alternativa para reducir el costo de las dietas. Enteros o partidos, contienen entre 22% y 25% de proteína y entre 34% y 36% de almidón. Su digestibilidad de la materia seca se encuentra entre el 77% y el 79%, con una energía metabolizable de aproximadamente 2,8 Mcal por kilogramo de materia seca.
En sistemas de engorde a corral ya se utilizan garbanzos partidos que no pueden ser destinados a la exportación. En una experiencia mencionada, representaron entre el 20% y el 25% de la dieta y fueron combinados con otros componentes, como urea, rollos y granos.
Con esta alimentación se obtuvieron ganancias diarias de peso de entre 1,3 y 1,5 kilogramos por animal en novillos y vaquillonas. El costo de producción informado se ubicó entre USD 1,2 y USD 1,4 por kilogramo de carne producido en el corral.
Los porotos, por su parte, presentan entre 23% y 25% de proteína, entre 34% y 36% de almidón, una digestibilidad de la materia seca de entre 77% y 79% y unas 2,85 Mcal de energía metabolizable por kilogramo de materia seca.
En el caso de las lentejas, el contenido de proteína se ubica entre el 23% y el 25%, mientras que el almidón alcanza el 40%. La digestibilidad de la materia seca ronda entre el 80% y el 82% y la energía metabolizable llega a unas 2,9 Mcal por kilogramo de materia seca.
El atractivo de estas alternativas radica en que permiten transformar productos que perdieron valor para el mercado de consumo humano en insumos para la producción ganadera. De esta manera, las legumbres pueden incorporarse a las dietas como una fuente de proteínas y energía y contribuir a disminuir el costo de alimentación, uno de los principales componentes de los gastos de los sistemas de producción animal.
Además del impacto sobre los costos, el aprovechamiento de estos granos evita que productos que no encuentran salida comercial terminen descartados en lugares donde podrían generar problemas ambientales. Así, un recurso que pierde valor en el mercado de alimentos puede convertirse en un insumo para la producción de carne y leche.
















