El directivo señaló que el proyecto contempla el transporte de gas licuado mediante barcos hacia mercados de Europa y Asia con demanda energética. Según explicó, el nivel de exportaciones proyectado se mantendría durante los próximos 20 años, lo que representaría ingresos por unos US$200.000 millones en ese período.
Marín consideró que se trata de un proyecto de gran escala, basado en la exportación de petróleo y gas, y sostuvo que el esquema también podría favorecer la llegada de inversiones extranjeras a partir del Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI).
En ese sentido, destacó que el objetivo es avanzar con proyectos de largo plazo y planteó que, más allá de los cambios políticos, las inversiones buscan generar condiciones para el desarrollo futuro del sector energético argentino.
Además, afirmó que el país tiene posibilidades de incrementar su participación en distintos mercados energéticos y proyectó que Argentina podría convertirse en el segundo exportador mundial de etanol, alcanzar el quinto lugar a nivel global entre los exportadores de líquidos utilizados para garrafas y ubicarse como el sexto exportador mundial de gas natural.
Respecto del estado actual del proyecto, Marín indicó que se encuentra en una etapa de financiamiento, cuyo cierre está previsto para fines de este año. A partir de 2027 comenzarían las obras, que demandarían inversiones por US$29.000 millones durante los próximos cuatro años.
















