Una de las estrategias propuestas por BlackRock se articula en tres ejes: invertir “en la IA, alrededor de la IA y más allá de la IA”. Esto implica tener una exposición directa a quienes se benefician del desarrollo tecnológico, identificar los negocios que sostienen esta expansión y diversificar con activos cuyos retornos dependan de otros factores.
Un aspecto crucial es la concentración de inversiones. La notable alza de las firmas asociadas a la inteligencia artificial ha incrementado automáticamente su representación en diversos índices. Como resultado, un inversor podría haber elevado su exposición al fenómeno sin haberlo planificado.
Según BlackRock, desde 2023, la proporción de empresas vinculadas a la IA y la tecnología ha aumentado considerablemente en los principales índices de Estados Unidos, más que duplicándose en los índices de acciones emergentes. Esta tendencia también se refleja fuera del mercado de acciones: alrededor del 14% del crédito corporativo europeo con grado de inversión se relaciona con emisores estadounidenses, de los cuales una parte significativa pertenece a empresas de IA.
Por lo tanto, la gestora sostiene que la exposición debe evaluarse desde una perspectiva integral en toda la cartera, y no solo a partir de lo que está invertido en fondos tecnológicos. Sin embargo, esto no implica que BlackRock haya cambiado su postura favorable hacia el sector. Mantiene su confianza en la temática de IA y considera que la corrección de precios observada durante el verano boreal no fue consecuencia de un deterioro en los fundamentos económicos.
Un dato relevante evidencia el crecimiento de este sector: las firmas de semiconductores que componen el S&P 500 prevén un incremento interanual de ganancias del 151% para el segundo trimestre, en comparación con el 126% que anticipaban a mediado de junio. Además, los ETFs relacionados con tecnología han captado aproximadamente 163.800 millones de dólares a nivel global en lo que va del año.
El verdadero desafío consiste, entonces, no tanto en reducir la exposición a la IA, sino en evitar que una sola inversión domine diversas partes de la cartera.
Una de las conclusiones más destacadas del informe es que muchas de las oportunidades generadas por la IA podrían encontrarse fuera de las convencionales empresas tecnológicas. Los centros de datos requieren un alto consumo eléctrico, además de infraestructura y materias primas. BlackRock identifica que estos requerimientos pueden beneficiar en particular a los sectores de infraestructura, energía y commodities.
Esta tendencia ya se evidencia en los flujos de inversión, que indican que los primeros trimestres del año han registrado los mayores ingresos históricos hacia productos vinculados a infraestructura. Europa está en una posición clave en este contexto, ya que necesita inversiones para modernizar su infraestructura, electrificar su economía y fortalecer su seguridad energética.
Se estima que el consumo eléctrico en Europa podría aumentar en un 60% entre 2023 y 2030, con inversiones necesarias en redes que ascenderían a cerca de 584.000 millones de euros. Para BlackRock, este gasto presenta oportunidades para las empresas industriales y de infraestructura involucradas en la modernización del sistema eléctrico.
La energía se erige como un punto focal en las recomendaciones de BlackRock. No basta con construir centros de datos; es esencial asegurar un suministro eléctrico suficiente y estable. La creciente demanda de energía para estos centros fomenta una necesidad estructural mayor de generación eléctrica. Esto ya ha conducido a modificaciones en el posicionamiento de las carteras analizadas y un notable aumento de los flujos hacia activos energéticos.
Asimismo, la energía nuclear cobra relevancia, ya que puede ofrecer generación confiable y de bajas emisiones de carbono en un contexto donde se requiere mayor disponibilidad de electricidad. BlackRock resalta el crecimiento en ganancias y en carteras de pedidos en este sector, así como un respaldo político fortalecido y una expansión en los proyectos en desarrollo, lo que hace que la industria nuclear y el uranio sean áreas consideradas indirectamente vinculadas con la expansión de la IA.
El desarrollo de infraestructura eléctrica y tecnológica también resalta la importancia de ciertas materias primas. BlackRock subraya su capacidad de diversificación, ya que en los últimos cinco años, los commodities han presentado correlaciones inferiores a 0,3 con el oro y acciones globales, y solo un 0,08 con la renta fija global.
En este contexto, BlackRock opina que los commodities pueden complementar al oro en una cartera, aunque no necesariamente reemplazarlo. Igualmente, ofrecen acceso a tendencias influyentes en infraestructura de IA, energía y tensiones geopolíticas.
El tercer eje de la estrategia consiste en identificar oportunidades con retornos que no dependan exclusivamente de un continuo auge tecnológico. Uno de los sectores con potencial es la salud, que funciona como diversificador frente a las tecnológicas y puede beneficiarse de la IA, ya que esta podría optimizar la productividad en la investigación y desarrollo de medicamentos. Durante el segundo trimestre, el 83% de las firmas de salud en Europa superaron las expectativas de ganancias. Aunque existe cierta incertidumbre regulatoria en Estados Unidos que podría provocar volatilidad, esto no altera las tendencias estructurales de innovación en el sector.
Japón también se perfila como otra oportunidad. BlackRock destaca las reformas corporativas que buscan mejorar la eficiencia del capital y aumentar el retorno para los accionistas. En el último año analizado, el mercado japonés logró un retorno de aproximadamente 30%, siendo las ganancias empresariales el principal motor de este rendimiento. Además, las valoraciones de grandes empresas japonesas se han reducido en un 7% en 2026. Con ello, sectores como el financiero se beneficiarían de la normalización de tasas, reflación y recuperación del consumo.
La conclusión de BlackRock no implica un abandono de las inversiones tecnológicas ni anticipan la finalización del rally en inteligencia artificial. La gestora reafirma su convicción en esta tendencia, aunque considera que la magnitud de su impacto requiere un enfoque renovado en la construcción de carteras. La IA ya no solo afecta a las compañías productoras de chips o software; está promoviendo inversiones en redes eléctricas, generación de energía, infraestructura y centros de datos, alterando simultáneamente la representación de ciertas compañías en los índices.
Por lo tanto, el riesgo para los inversores es doble: por un lado, la posibilidad de estar excesivamente concentrados en un tema sin darse cuenta; por otro, la tentación de diversificarse mediante activos que, bajo un shock, podrían comportarse de manera más homogénea de lo esperado. La estrategia planteada en el informe sugiere ampliar la perspectiva: mantener exposición a los ganadores directos de la IA, incorporar sectores imprescindibles para construir y alimentar la infraestructura necesaria y buscar oportunidades en áreas como salud, Japón, India, commodities y renta fija selectiva. En definitiva, el auge tecnológico, visto desde esta óptica, no limita el universo de inversión, sino que lo expande.
















