Originaria de Llajta Mauca, un pequeño pueblo rural y antigua estación ferroviaria en Santiago del Estero, Cuñi se trasladó a Buenos Aires a los 22 años. Ingresó al mundo laboral como cocinera y empleada doméstica, además de trabajar como modista; su habilidad en la confección, el tejido y el bordado pronto se hizo conocida en su vecindario.
Cuando se le pregunta por su recuerdo más querido, no puede escoger alguno en particular. “Todos, me pasó cada cosa linda”, responde. Para ella, cada experiencia vivida durante más de un siglo ha sido significativa: los trabajos, los afectos, las reuniones familiares y las celebraciones, junto a los desafíos, han tejido su rica historia personal.
Uno de sus mayores orgullos son sus hijos y nietos. Crió a tres hijos y es madre de 11 nietos y 10 bisnietos. Al hablar sobre ellos, se ilumina con una de sus frases características: “Soy rica con todos los nietos”. De hecho, dos de sus nietos decidieron rendirle homenaje tatuándose la palabra “abuela”.
A los 99 años, protagonizó un momento memorable que aún se narra en las reuniones familiares. En un concierto de Los Palmeras, un grupo de cumbia santafesino, Cuñi bailó desde la fila quince hasta el pie del escenario. La música siempre ha sido fundamental en su vida; disfruta bailar, especialmente tango, y en los cumpleaños, se esfuerza por animar a todos a levantarse de sus sillas.
Cumplir 100 años en plena pandemia limitó su celebración familiar, que tuvo que llevarse a cabo a través de las rejas de su hogar. En esos primeros momentos de la cuarentena, Cuñi expresó preocupación por no recibir visitas. No obstante, amigos, familiares y vecinos se unieron para homenajearla frente a su casa, con música y comida.
La longevidad de Cuñi despierta la curiosidad de quienes la rodean. Al consultar sobre el secreto de sus 106 años, responde de manera humorística: “La cervecita”. Sin embargo, lo cierto es que ha mantenido una vida activa y generalmente sana, incluso tras un accidente en el que fue atropellada cuando iba a cobrar su jubilación, momento tras el cual se levantó y continuó su camino.
Su fortaleza y esmero por recibir a sus seres queridos son rasgos que su familia destaca. Durante décadas, su hogar ha sido un punto de encuentro para celebraciones y reuniones. Cuñi solía preparar sus famosas empanadas y poner música para hacer bailar a sus invitados en el salón.
Además de ser el alma de las fiestas, también se dedicó a cuidar de una vecina que vivía sola, acompañándola a sus citas médicas y asegurándose de que no le faltara nada. Al caminar por su barrio, los vecinos la saludan, la obsequian y se maravillan con su historia.
A pesar de lo vivido en sus 106 años, aún se sorprende con ciertos aspectos del presente, como la inteligencia artificial y los teléfonos celulares, aunque para una mujer que ha acumulado tantas historias, la tecnología parece ser un detalle menor. Disfruta leer, mantenerse informada a través de revistas y seguir la televisión. También es hincha de Boca Juniors y sigue activamente el boxeo, deporte que comenta con entusiasmo.
Curiosamente, Cuñi recuerda con mayor claridad los eventos más lejanos que los recientes. Puede compartir durante horas relatos de su infancia en Santiago del Estero, de sus padres, del ferrocarril en el que trabajaban y de los productos que llegaban a su área.
Cuñi fue casada en dos ocasiones y quedó viuda en 1994, decisión que la llevó a no buscar otra pareja. Su vida se ha centrado en sus hijos, nietos y los encuentros familiares. Actualmente, su familia se esfuerza por retribuirle el amor y dedicación que ha brindado a lo largo de los años. La visitan, comparten momentos con ella, toman mate y la acompañan en sus salidas. Para Cuñi, las enseñanzas a impartir no son sobre secretos ocultos, sino sobre el sacrificio y la importancia de la unidad familiar.
A sus 106 años, sigue rodeada por la familia numerosa que ha formado, amigos que la aprecian y recuerdos que puede contar con gran claridad. Su calendario está repleto de celebraciones y nunca pierde la oportunidad de un festejo. Si bien su edad la ha convertido en la persona más longeva de Hurlingham, para quienes la conocen, Cuñi representa mucho más que una simple cifra.
















