Sin embargo, esta táctica no es completamente novedosa. La intención de crear un enemigo o reconstruir esa figura es un elemento fundamental en un ejercicio político que se ha repetido no solo en la gestión libertaria. Este motor se hace aún más evidente en la segunda fase del conflicto con Lula da Silva: a la descalificación personal, se suma la afirmación -por el momento, sin la categoría de denuncia- sobre el supuesto financiamiento por parte de Brasil a una “campaña anti-argentina” de carácter internacional. Este punto pasó casi desapercibido, aunque incluyó a México, lo que generó una rápida desmentida y un reclamo de respeto por parte de la presidenta Claudia Sheinbaum.
El Presidente utilizó la frase “campaña anti-argentina”, que tiene un eco negativo por su uso en la última dictadura, en los días de la final del Mundial. Buscó aprovechar ese efecto, sobre todo en redes, tras un torneo que generó desconcierto en el Gobierno, como evidenciaron un malentendido con Messi, las dudas sobre el regreso de los futbolistas y, de manera más visible, la cuestión de Malvinas.
La semana posterior al Mundial volvió a desviar uno de los focos de la realidad hacia la política. En este contexto, el oficialismo intentó enviar señales de contención a la interna y renovó la intención de activar el Congreso: avanzar en las iniciativas que se encuentran estancadas (inviolabilidad de la propiedad privada, reforma electoral y régimen de zonas frías, entre otras) y sumar nuevos proyectos. Se presentó la segunda versión de la Inocencia Fiscal y se espera la reforma de la Carta Orgánica del Banco Central.
El Congreso se encuentra en receso por las vacaciones de invierno y no retomará su actividad hasta la primera semana de agosto. Por el momento, el Gobierno enfrenta dificultades para materializar su intento de “recuperar” el control de la agenda. De manera paralela, esto genera una demanda política sobre la economía. La visita de Kristalina Georgieva tuvo repercusiones en este contexto -más por su gesto de apoyo a la gestión económica que por anuncios concretos-, aunque debió coexistir mediáticamente con los acontecimientos en Brasil.
Los días que siguieron al Mundial trajeron consigo la difusión de datos económicos significativos por parte del INDEC: la evolución de los salarios -siempre en relación con la inflación-, el Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) y las ventas en supermercados y mayoristas, todo con datos de mayo. Estas señales son inquietantes, aunque no siempre lineales, y se sumaron al análisis de consultoras privadas (referidas al consumo) y entidades sectoriales (como la UIA y la cámara de empresas metalúrgicas). En la última semana del torneo mundialista, el Gobierno había podido celebrar la desaceleración del índice de precios en junio, generando expectativas sobre el mes que está por finalizar.
El discurso de Milei en San Pablo, junto a Bolsonaro (h) y sus subsiguientes declaraciones sobre supuestas campañas en contra del país, ocuparon un lugar destacado en la agenda mediática y generaron reacciones en redes sociales. No se puso en discusión su objetivo presidencial de consolidarse como un líder en el nuevo escenario regional. Esta cuestión, en efecto, se convierte en un tema de debate político. La crítica hacia el presidente brasileño, que incluyó calificativos como “ladrón” y “presidiario”, puede haber incluido un objetivo, pero superó ampliamente ese límite.
En el ámbito diplomático, esto generó una respuesta de Brasilia que incluyó la convocatoria a consultas de su embajador en Buenos Aires y el pedido de explicaciones al representante argentino en Brasil. La tensión escaló hasta tal punto, y aunque el presidente brasileño desestimó a Milei, el Gobierno argentino parece no tener intención de ofrecer una disculpa diplomática correspondiente.
Este tema también reviste importancia en la política interna para Lula da Silva, quien se encuentra en campaña para las elecciones de principios de octubre, y registra antecedentes de incursiones en la política local. Ninguno de los acontecimientos recientes borra las críticas hacia tales intervenciones. El cruce quedó marcado no solo por el respaldo a Flávio Bolsonaro, sino por la descalificación hacia el presidente brasileño.
No obstante, la comparación entre las acciones recientes de Milei y gestos anteriores de Lula da Silva -como la visita a Cristina Fernández de Kirchner o la presencia de sus asesores en la campaña de Massa- fue un recurso utilizado por cuentas afines a Milei en redes sociales, y hasta fue mencionado por Pablo Quirno, aunque en el caso del canciller, su reacción resulta insostenible.
La continuidad de este tema en la agenda pública dependerá, claro, de la evolución de la tensión diplomática. Los gestos y declaraciones presidenciales serán cruciales, especialmente en el contexto de la asunción de Keiko Fujimori como presidenta, evento al que también asistirá el canciller brasileño, Mauro Vieira. Por lo tanto, el desenlace se presenta abierto.















