La mencionada consultora ha sido una de las entidades que elabora clasificaciones sobre la calidad de las universidades. Este miércoles, publicó una nueva edición del ranking que revela un retroceso generalizado de las instituciones educativas argentinas.
De las 16 universidades nacionales que se incluyeron, nueve cayeron en el ranking, cinco se mantuvieron en sus posiciones y solo una (la Universidad Nacional de Córdoba) logró ascender. Este año, el listado evaluó a 1.500 universidades de 106 países.
Días atrás, se dieron a conocer los resultados de otro ranking diferente, donde todas las universidades argentinas también experimentaron un descenso en comparación con el año anterior.
En ambos casos, aunque las metodologías son disímiles, se atribuyó la baja en los resultados argentinos a dificultades en la producción científica y en el financiamiento de la investigación. Según la consultora británica, Argentina fue uno de los países que más cayó en este aspecto durante el año actual.
“Los apremios financieros son evidentes en los aspectos más cruciales: la investigación. Las universidades argentinas continúan logrando un desempeño relativamente sólido en lo que respecta a capacidad docente, empleabilidad e internacionalización, pero persiste una penuria clara en investigación. Todas las universidades del país se sitúan por debajo del puesto 801 a nivel mundial en el indicador que mide las citas científicas por docente”, explicó Sowter.
Dentro de este panorama, la Universidad de Buenos Aires (UBA) sobresale al haber logrado conservar su posición en el puesto 84 a nivel mundial, siendo la única universidad de la región que se mantiene entre las cien mejores a nivel global.
“UBA ha logrado sostener su posición gracias a que supera a la mayoría de sus pares regionales en diversas áreas clave para estos rankings”, agregó Sowter.
Entre las fortalezas de la UBA se destacan los indicadores relacionados con su reputación, derivados de encuestas de percepción. La universidad ocupa el puesto 34 en reputación académica, basada en la opinión de miles de académicos de todo el mundo, y el 68 entre empleadores, donde se mide cómo las empresas valoran a sus graduados. También resalta en resultados laborales, alcanzando el puesto 24, uno de los mejores desempeños en el ranking.
No obstante, al igual que el resto del sistema universitario argentino, la UBA enfrenta carencias en los indicadores relacionados con la investigación científica.
“El resultado de este ranking indica que seguimos siendo una de las mejores universidades de la región y a nivel mundial, y que el esfuerzo de docentes, no docentes e investigadores no es en vano. No obstante, también evidencia cómo el desfinanciamiento de los últimos años impacta directamente en el sistema universitario argentino”, puntualizó Ricardo Gelpi, rector de la UBA.
Después de la UBA, las universidades argentinas que aparecieron en el ranking son la Universidad Nacional de La Plata (474°), que se sitúa como la única otra institución del país dentro del Top 500, junto a la Universidad Austral y la Universidad Católica Argentina, ambas en el puesto 530, y la Universidad de Palermo, ubicada entre el puesto 781 y 790.
“Acogemos este resultado con alegría y a la vez con responsabilidad. Los avances reflejan dos elementos clave de nuestro proyecto educativo: la cercanía y el acompañamiento a cada alumno, y la formación que prepara a nuestros profesionales para impactar positivamente en las organizaciones y en la sociedad”, expresó Julián Rodríguez, rector de la Universidad Austral.
“En una era donde la tecnología y la virtualidad predominan, la UCA sigue fortaleciendo los lazos humanos y la relación presencial entre alumnos y docentes. Hemos incorporado nuevas ofertas educativas, optimizado procesos, ampliado nuestras instalaciones, modernizado las aulas y cuidado el medio ambiente, siempre centrados en las necesidades de los alumnos y la sociedad”, manifestó Miguel Ángel Schiavone, rector de la UCA.
Entre las primeras posiciones también se destaca la Universidad Nacional de Córdoba, que fue la única institución argentina en mejorar su ubicación en comparación con el año anterior, ascendiendo a la franja 801-850. Por su parte, el Instituto Tecnológico de Buenos Aires (ITBA) logró ingresar al ranking por primera vez, en el rango 1201-1400.
El primer puesto del ranking global corresponde nuevamente al Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) en Estados Unidos, seguido por el Imperial College London (Reino Unido), Stanford University (EE.UU.), la Universidad de Oxford (Reino Unido) y Harvard University (EE.UU.).
El ranking de esta consultora es uno de los más consultados a nivel internacional, otorgando gran relevancia a la percepción que tienen académicos y empleadores sobre las universidades y sus graduados, mediante encuestas de opinión en las que la UBA se destaca.
Desde la consultora se ha señalado durante años la debilidad de Argentina en investigación, agravada recientemente por recortes en el presupuesto.
Así explican la situación: “Los sistemas de investigación sólidos no solo producen publicaciones, sino que también atraen talento, fomentan la innovación, establecen alianzas internacionales y fortalecen la reputación institucional. Hay evidencia sólida de que la inversión pública en I+D genera beneficios económicos a largo plazo; por lo tanto, los recortes presupuestarios pueden aliviar la presión a corto plazo, pero frecuentemente generan costos mayores en el futuro. Por eso, los efectos de la falta de inversión suelen manifestarse gradualmente y no de inmediato, pero no por ello son menos graves”, señaló Sowter.
Las cifras indican que entre 2023 y 2025, el presupuesto nacional ejecutado en Educación y Cultura experimentó una baja del 47,7% en términos reales, mientras que la caída proyectada para 2026 es del 54,4%. En cuanto a Ciencia, se prevé una reducción del 45% entre 2023 y 2025, con una proyección del 55,7% para 2026.
Este ajuste es significativamente mayor al promedio de la Administración Pública Nacional, que registra una caída del 28,8% entre 2023 y 2025 y una previsión de 36,5% para 2026, según lo expuesto por un economista e investigador de la UBA y el CONICET.
Asimismo, la inversión que recibe las universidades de la Secretaría de Educación para su funcionamiento, salarios, investigación y hospitales universitarios es la más baja de las últimas dos décadas.
“Los resultados de la investigación dependen de la continuidad: financiación estable, infraestructura adecuada, apoyo a investigadores en doctorado y posdoctorado, así como la capacidad para mantener colaboraciones internacionales a largo plazo. Cuando estas condiciones se deterioran, las instituciones pueden seguir operando, pero les resulta cada vez más complicado generar impulso, retener talento y mantener su relevancia en el contexto global”, afirmó Sowter.
“Los rankings no deben considerarse como un objetivo en sí mismos; se comprenden mejor como un espejo. Si se utilizan correctamente, son herramientas de diagnóstico valiosas que ayudan a universidades y responsables políticos a identificar fortalezas y debilidades estructurales”, concluyó el especialista.
Emiliano Yacobitti, vicerrector de la UBA, subrayó el desempeño de la universidad y destacó que “los resultados evidencian la relevancia de cuidar y fortalecer lo que funciona”.
“Esperamos que los avances logrados en materia salarial y presupuestaria permitan abrir un nuevo capítulo de diálogo, durante el cual, sin dejar de reclamar lo que falta, podamos centrar la discusión en qué tipo de universidad necesita Argentina para los próximos años: qué profesionales formar, qué áreas de conocimiento promover y qué capacidades científicas y tecnológicas desarrollar. Para que esto ocurra, es fundamental la inmediata implementación de la Ley de Financiamiento Universitario”, enfatizó.
Con 16 instituciones clasificadas, Argentina se posiciona como el cuarto sistema universitario más representado de América Latina en este ranking, detrás de Brasil, México y Chile.
¿Cómo se podría mejorar? “Desde el ámbito de las políticas públicas, la prioridad fundamental debe ser crear las condiciones que propicien una excelencia sostenida en investigación. Esto exige una inversión predecible en universidades y ciencia, que permita a las instituciones retener talento, mantener la infraestructura y participar en colaboraciones internacionales a largo plazo. El desempeño en investigación es acumulativo y se beneficia de la estabilidad en el tiempo”, sostuvo Sowter.
“Las universidades deberían focalizarse en ampliar el alcance e influencia de su investigación, participando más en redes internacionales de investigación, forjando alianzas más sólidas con instituciones de prestigio global y aumentando la cantidad de publicaciones en revistas reconocidas internacionalmente”, añadió.
“Argentina ya cuenta con un alto nivel de reconocimiento por parte de los empleadores, proporciones favorables de docentes por estudiante y uno de los sistemas de educación superior más internacionalizados de América Latina. Fortalecer la capacidad de investigación, a la vez que se preservan estos activos, sería la estrategia más efectiva para mejorar el desempeño en futuros rankings”, concluyó.














