Ani y su pareja, Darío, decidieron dejar Catamarca en marzo de 2025 para mudarse a Croacia, tras recibir una oferta laboral para la temporada de verano. Aunque su inicio estaba previsto para abril, la obtención del permiso laboral se extendió por casi tres meses, obligándolos a subsistir con sus ahorros durante ese periodo. A esto se sumaron otros inconvenientes en su nueva vida en un pueblo croata de 1600 habitantes. “Cuando empezamos a trabajar, yo me di la cabeza contra la pared porque la primera semana de trabajo fueron 60 horas”, compartió Ani en un video que ambos publicaron en su canal de YouTube. Antes de emprender el viaje, la pareja había sostenido dos entrevistas con quienes serían sus futuros empleadores. Pocos días después de superar la segunda entrevista, recibieron contratos redactados en inglés y croata. Ani mencionó que el contrato no especificaba un número de horas, sino que establecía que los horarios debían seguir la legislación laboral croata, la cual establece ocho horas de trabajo durante cinco días a la semana. Pese a esto, decidieron recurrir a la agencia que los había asistido en la búsqueda de empleo. “Preguntamos si íbamos a tener uniforme y nos dijeron que sí. Consultamos si íbamos a tener alojamiento y nos respondieron afirmativamente. Preguntamos sobre la alimentación y dijeron que sí. Pero sobre los horarios, nunca recibimos respuestas”, relató. Sin esa información, decidieron firmar el contrato, una decisión que Ani cuestionó: “Tal vez debimos haber insistido más. Pero, sumidos en la ilusión de poder ir desde Argentina a Croacia con un contrato firmado, lo firmamos”. La pareja ya había adquirido vuelos para marzo, con la idea de pasar un mes como turistas antes de comenzar a trabajar en abril, lo que incluía hospedaje y alimentación. Sin embargo, el retraso en el permiso laboral los llevó a depender de sus ahorros hasta casi finales de mayo. Ani aclaró que la agencia no les había advertido de antemano sobre el tiempo que podría tomar el trámite. Una vez que empezó a trabajar, Ani se encontró con jornadas mucho más extensas de lo que había anticipado, laburando seis días a la semana y alrededor de diez horas diarias. “La primera semana fueron 60 horas y la segunda, cerca de 55. Luego, nunca bajaron de 50”, mencionó. Durante varias semanas mantuvo este ritmo. “Me la bancé: laburé, laburé, laburé hasta que mi cuerpito me dijo: ‘Negra, yo te dejo sola, no doy más’”, recordó. Los problemas físicos empezaron con dolor en ambos pies, lo que la llevó a cambiarse las zapatillas proporcionadas por el trabajo por las suyas propias, aunque las molestias persistieron. Posteriormente, el dolor se extendió a sus rodillas. Ante esta situación, decidió consultar al médico general del pueblo. Según Ani, el médico le recetó ibuprofeno y le sugirió nadar, pero no realizó una evaluación exhaustiva. Como el malestar continuó, habló con su jefe y se le programó una cita con un fisioterapeuta, quien diagnosticó fascitis y condromalacia patelar, un desgaste en el cartílago detrás de la rótula. Ani consideró que su empleo agravó sus molestias físicas por la carga que debía transportar durante sus turnos. “Los platos y cubiertos son pesados”, comentó. Además, tenía que empujar un carrito entre el restaurante y la cocina, lo que implicaba frenar repentinamente ante la presencia de los huéspedes. “Esas frenadas también de golpe, cargando peso, me afectaron mucho las rodillas”, explicó. El fisioterapeuta le recomendó 10 sesiones. Aunque creyó que serían gratuitas, en la cuarta sesión le informaron que cada una costaba 4,50 euros, ya que su seguro no las cubría. “Tuve que pagar aproximadamente 48,50 euros para cubrir las diez sesiones y la primera consulta, que tampoco estaba incluida”, destacó. Además de los inconvenientes físicos, Ani recordó con desagrado que, tras esperar casi tres meses por los permisos laborales, un día antes de comenzar, se les informó que tanto ella como Darío trabajarían en hoteles distintos. Más tarde, Darío trabajó brevemente en el hotel donde estaba Ani. En esa oportunidad, preguntaron si alguno podía cambiarse para poder estar juntos, pero su jefe respondió que no le agradaba tener parejas trabajando en el mismo lugar.
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