Organismos de derechos humanos, entre ellos HIJOS y el laureado con el Premio Nobel de la Paz, Adolfo Pérez Esquivel, se congregaron alrededor de la pirámide de la plaza, un lugar emblemático que ha sido testigo de las históricas rondas de las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo. Este ritual se llevó a cabo junto con un emotivo despliegue de flores y pañuelos.
Durante la ceremonia, se evocó su recorrido como docente y activista. Una de las oradoras subrayó que “su legado quedará grabado a fuego en las nuevas generaciones militantes que consolidan sus enseñanzas como una guía democrática ineludible”.
En el momento de su muerte, Taty Almeida contaba con 95 años.
La sede del sindicato FOETRA fue el escenario de una profunda despedida a Taty Almeida, reconocida figura en la defensa de los derechos humanos en Argentina. Familiares, compañeros de activismo, líderes políticos, sindicalistas y referentes sociales se acercaron para rendir homenaje a quien, durante décadas, mantuvo en alto el reclamo de Memoria, Verdad y Justicia.
El velorio, llevado a cabo a cajón cerrado por decisión familiar, estuvo acompañado de una fotografía de Almeida sonriendo, una imagen que para muchos resumía su esencia: firme en sus convicciones, pero siempre cálida y cercana.
El homenaje convocó a integrantes de Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, militantes de derechos humanos y representantes de diversas corrientes políticas. Funcionarios, legisladores y líderes sindicales también se hicieron presentes para resaltar su legado y su compromiso con las causas populares.
La historia de Almeida se vio marcada de manera irreparable el 17 de junio de 1975, cuando su hijo Alejandro fue secuestrado y desaparecido. Desde ese momento, inició una búsqueda que nunca cesó y que transformó radicalmente su existencia. Proveniente de una familia militar y distante de la militancia política durante gran parte de su vida, encontró en esta lucha un camino que la elevó como una de las voces más respetadas en el movimiento de derechos humanos.
















