Este acto generó un eco considerable, con especulaciones sobre posibles sanciones por la difusión de mensajes políticos, aunque hasta el momento no se ha emitido ningún pronunciamiento oficial por parte de la FIFA. Sin embargo, la notable reacción del diario británico The Guardian reavivó el debate, instando a reanudar las negociaciones con Argentina.
El periodista Simon Jenkins, en una reciente columna, argumenta que la semifinal del Mundial y el “generoso abrazo entre Lionel Messi y Harry Kane” deberían incentivar un acercamiento similar al que se logró esta semana con la eliminación de la frontera que separaba Gibraltar de la península ibérica.
“Ninguno de los territorios de la época imperial británica tiene derecho eterno a permanecer como está, y mucho menos uno que le cuesta a los contribuyentes británicos más de 60 millones de libras esterlinas al año en gastos de defensa”, sostiene.
En su análisis, Jenkins hace un recorrido por los hechos históricos y menciona que antes de la guerra de 1982, que “salvó de la impopularidad al gobierno de Margaret Thatcher y la cubrió de gloria”, ya se habían establecido acercamientos y negociaciones para la transferencia de la soberanía de las islas.
“Tras un acuerdo de comunicaciones alcanzado con Buenos Aires en 1971, se permitió a los isleños comerciar y viajar con el continente, utilizando hospitales, tiendas y demás servicios. Además, ofrecían becas en las escuelas locales. Cientos de argentinos solían visitar Puerto Stanley, la capital de las Malvinas, como turistas”, explica.
Para Jenkins, sería “gratificante que la bandera de las Malvinas ondeando en un partido de fútbol impulsara a alguien a actuar”.
El periodista califica de “auténtica barbaridad” la invasión argentina en medio de negociaciones, reflexionando que “tal era la lógica de la guerra: una vez iniciada, requería una victoria. Un acuerdo podría haber salvado cientos de vidas y miles de millones de libras”.
Sin embargo, subraya que “estas colonias”, tarde o temprano, inevitablemente se integrarán a sus continentes. “No pueden estar protegidas indefinidamente por un país europeo, y las reclamaciones de Argentina no van a desaparecer”, concluye.
Finalmente, Jenkins reafirma la idea de que la imagen de la semifinal del Mundial podría ser el catalizador para la acción necesaria.
















