El indicador analiza 19 actividades a partir de tres variables: negocio, producción y mercado. La primera contempla la evolución mensual e interanual de precios y costos; la segunda considera la superficie o el stock, según cada actividad, junto con los niveles productivos; y la tercera observa las exportaciones, importaciones y el consumo interno. A partir del comportamiento conjunto de estos componentes se determina la situación de cada sector.
Respecto de junio, dos actividades cambiaron de categoría y pasaron de amarillo a rojo: la citrícola y la forestal.
La zona roja concentra a la mayor cantidad de sectores evaluados. Allí quedaron la yerba mate, el arroz, el vino y mosto, las hortalizas, el algodón, la leche y la mandioca, además de los productos forestales y los cítricos dulces.
El principal factor detrás del deterioro es, en la mayoría de estos casos, la evolución del negocio. Los precios percibidos por los productores permanecieron prácticamente estancados o avanzaron por debajo de la inflación, mientras los costos operativos continuaron en niveles elevados. El resultado es una reducción de los márgenes reales.
La diferencia entre precios y costos también comienza a incidir sobre las decisiones productivas y sobre el comportamiento de los mercados. En algunas actividades, el problema está relacionado con una demanda más débil, asociada a modificaciones en los hábitos de consumo o a una menor capacidad de compra. En otras, las dificultades están vinculadas con la oferta, ya sea por un exceso de producción o por el aumento de los costos que termina reduciendo la rentabilidad.
En una situación intermedia quedaron el tabaco, las peras y manzanas, la producción avícola, los porcinos, la papa y el maní. Estos sectores presentan señales mixtas: los precios todavía no recuperan por completo el poder adquisitivo perdido frente a la inflación, los costos continúan elevados y la demanda muestra poco dinamismo. Si bien no se observa un deterioro generalizado, tampoco aparecen condiciones suficientes para consolidar una recuperación sostenida de la actividad y los márgenes.
El comportamiento de las peras y manzanas muestra esa disparidad. Durante julio, sus precios aumentaron 40% en comparación con junio y 50% frente al mismo mes del año anterior, por encima de la inflación. Sin embargo, la producción del último año cayó hasta las 718.000 toneladas, lo que representa una disminución interanual del 10%.
La actividad avícola presenta una evolución diferente. El precio de la carne de pollo disminuyó 2% durante el mes y registró una suba interanual de apenas 10%, mientras que el valor de los huevos cayó 28%.
En el otro extremo aparecen las cuatro actividades que lograron ubicarse en verde: bovinos, ovinos, granos y miel. En estos casos, la evolución de los precios fue superior a la inflación, lo que permitió mejorar los precios relativos y los márgenes. A esto se sumaron un comportamiento favorable de los mercados y una dinámica productiva que acompañó, en términos generales, el desempeño de cada actividad.
La demanda aparece como uno de los factores centrales detrás de esta evolución, debido a su incidencia sobre los precios y la valorización de las producciones.
Dentro de este grupo, el complejo granario se destaca tanto por su desempeño productivo como por su peso en el comercio exterior. En julio, los precios promedio de los principales granos aumentaron 5% respecto del mes anterior y 34% interanual, superando levemente la inflación. Para la campaña se estima una superficie sembrada de 35,1 millones de hectáreas y una producción de 151,3 millones de toneladas.
El comercio exterior también mostró una evolución positiva en el conjunto de las actividades analizadas. Durante los primeros siete meses de 2023, las 19 economías regionales alcanzaron exportaciones por USD 37.725 millones, un 17% más que en igual período de 2022 y un 12% por encima del promedio de los últimos cinco años para ese mismo lapso.
El complejo granario concentró la mayor parte de esas ventas externas, con USD 29.583 millones, equivalentes al 78% del total. Dentro de ese monto, la soja explicó el 51% y el maíz el 20,5%.
La cadena bovina quedó en segundo lugar, con exportaciones por USD 3.459 millones, el 9% del total. Luego se ubicaron la lechería, con USD 1.047 millones, y el sector del maní, con USD 745 millones.
Las importaciones, en tanto, fueron considerablemente menores. Las 19 actividades registraron compras externas por USD 2.987 millones durante los primeros siete meses del año. La relación entre ambos flujos fue de aproximadamente 13 dólares exportados por cada dólar importado.
También en las importaciones el complejo granario tuvo el mayor peso, al concentrar el 83% de las compras externas. Detrás se ubicaron las cadenas forestal, porcina y bovina.
















