“Tenemos un fenómeno biológico: vivimos más años y, en promedio, los vivimos mejor. Este aumento de la vida es a expensas de la vejez, no de la prolongación de la niñez o la juventud”, señala. Su intervención se produjo en un congreso reciente, donde discutió temas de salud pública relacionados con el envejecimiento.
– En un artículo reciente afirmaste que “vivir es envejecer”.
“Somos seres envejecientes. Estamos envejeciendo más de lo que lo hicieron nuestros padres y abuelos. Nuestra sociedad invirtió grandes esfuerzos en el siglo XX para aumentar nuestra esperanza de vida, y ahora, en el siglo XXI, nos enfrentamos al desafío de gestionar esa sobrevida. A este fenómeno biológico se suma uno demográfico: hay menos jóvenes y más personas mayores, resultado tanto del aumento de la esperanza de vida como de la disminución de la fecundidad. Recientemente se reportó que, en Francia, 2025 será el primer año en que murieron más personas de las que nacieron, algo que no ocurría desde la guerra.”
– ¿Qué implica esto para el cuidado de los adultos mayores?
“Con más adultos mayores y menos jóvenes, hay menos personas dispuestas a formarse en lo que denominamos ‘oficios del lazo’. Estos oficios requieren un enfoque humano y relacional, a diferencia de un trabajo con máquinas o productos. A su vez, existe una tercera dimensión que llamo ‘pirámide biográfica’: se refiere a cuántas personas están dispuestas a dedicar su vida al cuidado de otros.”
– ¿Qué provocó el cambio en esa pirámide biográfica?
“El sistema de salud actual se basa en una supuesta fuente inagotable de jóvenes dispuestos a cuidar de otros. Esto pudo funcionar para los baby boomers o la Generación X, pero hoy eso ya no es suficiente si no revalorizamos los oficios del lazo, tanto económica como socialmente.”
– ¿La falta de reconocimiento económico influye en esto?
“El reconocimiento económico es relevante. En las profesiones relacionadas con el cuidado —no solo la medicina, sino también enfermeros, camilleros y auxiliares— el salario es un factor, pero no el único; también interviene la valoración social. La reina Isabel fue enfermera durante la Segunda Guerra Mundial, y no lo hizo solo por el salario, sino por el valor emocional de cuidar a quienes lo necesitaban. Hoy, muchas generaciones jóvenes se sienten atraídas por actividades que consideran más interesantes y económicamente favorables.”
– A partir de tu diagnóstico, ¿cómo se puede cambiar la situación?
“No tengo una visión desalentadora; busco identificar oportunidades dentro del problema. Existen muchos cuidadores informales que se encargan de adultos mayores, personas con discapacidad y quienes requieren cuidados. Valorar a estos cuidadores, tanto formales como informales, podría representar entre el 1,5% y el 2% del PBI. Es un gran potencial que podría integrarse en una cadena de cuidados si se establecen reglas y procesos adecuados.”
– ¿Qué tipo de protocolos son necesarios para mejorar el cuidado?
“En el Centro Hirsch, estamos desarrollando una plataforma digital que superó la barrera de acceso al permitir conectar a quienes brindan cuidados con quienes los necesitan. Ofrecemos cursos gratuitos para cuidadores, pacientes y familiares, creando un vínculo triangular que potencia la base de soporte ante la reducción de oficios del lazo. Capacitar a cuidadores informales también evita experiencias negativas y puede frenar el proceso acelerado de internación, permitiendo que las personas mantengan más tiempo su autonomía y su entorno emocional.”
– ¿Cuánto tiempo solía vivir una persona en un geriátrico hace diez años en comparación con hoy?
“Hace una década, la estadía promedio en un geriátrico era de 8 a 10 años, en la actualidad es de aproximadamente 2 años. Si se les brinda el apoyo adecuado, las personas pueden permanecer más tiempo en sus hogares, y el geriátrico se convierte en un recurso de último recurso. En otros países, los modelos de cuidado en instituciones de larga duración no son meramente asistenciales, sino que se centran en lo socio-relacional, evitando uniformes que recuerden a un hospital.”
– ¿Se relaciona esta menor duración en los geriátricos con la nueva esperanza de vida y la mayor independencia?
“Hoy, las personas mayores son sujetos de decisión, a diferencia de épocas anteriores en las que eran considerados meramente por sus familiares. La persona mayor, mientras conserve su lucidez, elige su estilo de vida y participa activamente en la decisión de institucionalizarse o no.”
– Además de su uso en capacitación, ¿la tecnología puede ayudar en el cuidado?
“Estamos comenzando a integrar inteligencia artificial en nuestra plataforma. Creemos que la tecnología y los robots pueden ser de gran utilidad, pero el límite seguirá siendo el cuidado empático: la capacidad de reconocer el sufrimiento del otro, escuchar lo que dice y ver lo que desea expresar. Y cuando menciono cuidado empático, no hablo de algo sentimental, sino de estar presente para alguien en su proceso de envejecimiento o en los momentos previos a su muerte. Considero que ninguna tecnología podrá reemplazar ese aspecto fundamental.”
















