Las estadísticas oficiales más recientes revelan señales positivas. La inflación ha vuelto a desacelerarse, los salarios han recuperado parte del poder adquisitivo perdido durante las turbulencias cambiarias de marzo, la actividad económica muestra una expansión moderada y el empleo, aunque no crea suficientes puestos de trabajo para cubrir las necesidades de una economía en crecimiento, se ha estabilizado.
El principal interrogante radica en si este panorama indica el inicio de una recuperación más robusta o si se trata, en cambio, de un período de alivio tras meses de tensión.
“El momento actual es menos tenso que a principios de año, pero aún estamos lejos de una dinámica de euforia”, afirma una economista de un relevante centro de análisis. Según su evaluación, hay cinco factores que contribuyen a este cambio de clima: la disminución de la inflación, la recuperación parcial del ingreso real, un crecimiento en la disponibilidad de crédito, un sector externo sólido y un entorno financiero más despejado.
Sin embargo, advierte que la mejora sigue siendo selectiva. “La macro mejora antes que la micro”, sintetiza, lo que significa que, si bien los grandes indicadores están en orden, muchas empresas y familias todavía no perciben alivio en sus actividades diarias.
Uno de los cambios más notorios de las últimas semanas ha sido la recuperación del salario real y el ingreso disponible. Tras el impacto del rebrote inflacionario de marzo, la desaceleración de los precios ha permitido que las negociaciones salariales se posicionen por encima de la inflación.
Un experto de una fundación destaca que este proceso ya se inició. “Los salarios nominales han comenzado a superar a la inflación, lo que ha permitido una leve recomposición del salario real promedio”, detalla.
Asimismo, la misma economista considera que este cambio puede consolidarse si la inflación sigue disminuyendo. La inflación núcleo ya se encuentra por debajo del 2% mensual y, de acuerdo con sus proyecciones, podría mantenerse así en los próximos meses. “Esto altera el clima económico, ya que beneficia al salario real y tiene un impacto en el consumo y el crédito”, sostiene.
Sin embargo, la mejora del ingreso todavía no garantiza una recuperación generalizada del consumo. Los analistas coinciden en que los primeros favorecidos son los bienes duraderos, las compras financiadas y ciertos servicios, mientras que el consumo masivo continúa rezagado.
“La oportunidad para una recomposición del consumo existe, pero aún es selectiva”, señala la economista mencionada anteriormente.
Un analista de una firma de consultoría también respalda este diagnóstico. Recalca que el consumo representa aproximadamente el 70% de la demanda agregada y “actualmente sigue condicionado por ingresos todavía ajustados y un mercado crediticio que recién comienza a normalizarse”. Por ello, proyectan un aumento económico inferior al 2% para este año, un crecimiento muy moderado que difícilmente se refleje en el bolsillo de la población.
El sistema financiero se perfila como una de las variables que podrían determinar la velocidad de la recuperación. El fuerte incremento de las tasas de interés durante el primer trimestre detuvo el crédito y generó preocupación por la morosidad.
Ahora, se empieza a configurar un nuevo escenario. “El estrés de tasas ha disminuido. Las tasas pasivas han caído y las activas tienen margen para seguir bajando. La mora parece haber alcanzado un umbral máximo”, sostiene la economista.
El otro experto es más cauteloso: “Todavía no hay suficientes evidencias de que pueda haber una recuperación significativa del crédito. La morosidad sigue siendo un obstáculo importante”, advierte. Sin embargo, reconoce que la estabilización de las tasas ha reducido considerablemente la volatilidad financiera, lo que podría beneficiar la expansión gradual de los préstamos.
Una característica distintiva que probablemente defina el segundo semestre será la heterogeneidad. Los sectores relacionados con energía, minería y exportaciones continuarán liderando el crecimiento. El sector energético sigue generando ingresos récord y los proyectos asociados a iniciativas estatales presentan expectativas positivas, aunque fuera de esos programas las decisiones de inversión aún son cautelosas.
En cambio, la industria manufacturera, el comercio y especialmente la construcción afrontan una recuperación mucho más lenta. “La actividad debería mejorar, pero no todos los sectores avanzarán a la misma velocidad”, resume la economista.
El analista también está de acuerdo, ya que considera que todavía no se vislumbra un motor suficientemente fuerte para impulsar a toda la economía. “La inversión total aún no reacciona y el consumo tampoco logra despegar”, explica.
Desde el punto de vista financiero, las perspectivas parecen más estables que en meses anteriores. El analista descarta un escenario de tensión cambiaria para el segundo semestre y sostiene que el Gobierno podrá gestionar una depreciación gradual del tipo de cambio dentro de los márgenes establecidos, evitando así una excesiva apreciación del peso.
La economista también observa un contexto más equilibrado. Con una menor oferta estacional de dólares, es probable que el Banco Central adquiera menos reservas, aunque sin comprometer la estabilidad del tipo de cambio.
Por otro lado, un tema de incertidumbre sigue siendo el riesgo país y el retorno pleno al mercado internacional de deuda. Las recientes garantías financieras han mejorado la percepción sobre el país y reducido notablemente el costo de financiamiento. No obstante, el funcionario encargado de Finanzas aún se muestra reacio a volver a emitir deuda en los mercados voluntarios.
De acuerdo con la economista, con las garantías actuales el financiamiento puede obtenerse a un costo cercano al 6%, mientras que una colocación completamente de mercado exigiría tasas cerca del 8% o 9%.
El experto considera que dicho paso será inevitable si el Gobierno busca consolidar el proceso de normalización financiera. En resumen, el segundo semestre comienza con menos incertidumbres que su predecesor. La inflación parece haber encontrado una tendencia a la baja, el frente cambiario se muestra contenido y la presión financiera ha disminuido. Sin embargo, aún resta evaluar si esta estabilidad se traducirá en un crecimiento sostenido para aquellos sectores que continúan esperando su recuperación desde el ámbito macroeconómico hacia el día a día.
















