Durante años, una señal de enfriamiento de la economía, como una caída en el empleo, solía desencadenar una baja en las tasas de los Treasuries. Una desaceleración del crecimiento, menores presiones inflacionarias y una política monetaria más laxa de la Fed habitualmente resultaban en menores rendimientos; sin embargo, esta relación está cambiando.
Un reciente informe de un centro de análisis económico indica que ni los datos económicos más favorables han logrado frenar la tendencia al alza de las tasas largas estadounidenses. Este fenómeno va más allá de las políticas de la Fed; se relaciona con la gran cantidad de capital que el Tesoro estadounidense y las grandes corporaciones precisan simultáneamente.
Este cambio es de particular relevancia para Argentina. Un ambiente de tasas más altas en Estados Unidos eleva el rendimiento que los inversores pueden obtener sin asumir riesgos crediticios, complicando así la capacidad de los bonos argentinos para atraer interés.
La última semana ha sido un claro ejemplo de esta tendencia. Estados Unidos reportó datos económicos que inicialmente parecían positivos: el crecimiento del segundo trimestre fue ajustado al alza del 1,5% al 2,2% anualizado, y el consumo pasó del 3,4% al 3,8%. Sin embargo, a pesar de estos indicadores, el rendimiento del Treasury a diez años subió al 5,33%, y el de treinta años alcanzó niveles no vistos desde hace más de dos décadas. Además, un informe laboral de septiembre mostró una creación de solo 29.000 puestos frente a los 89.000 esperados, lo que llevó a una breve caída en el rendimiento, que rápidamente se recompuso al finalizar la jornada.
El análisis destaca que este comportamiento indica que ni los datos laborales débiles son suficientes para cambiar la tendencia en el mercado de bonos a largo plazo. Este fenómeno se enmarca dentro de un sell-off global de deuda que se ha observado recientemente.
La hipótesis central del análisis sugiere que el principal factor que determina las tasas de interés a largo plazo ha dejado de ser solamente el ciclo económico. Ahora, el mercado presta atención a tres factores cruciales: la oferta estructural de deuda soberana, la competencia por financiamiento derivada de la inversión en inteligencia artificial y las acciones de la Reserva Federal para contener las presiones inflacionarias.
Uno de los problemas identificados es el alto volumen de deuda que necesita emitir Estados Unidos para financiar su déficit fiscal. Este aumento en la oferta de Treasuries puede llevar a que los inversores exijan rendimientos más altos. Sin embargo, el Tesoro no es el único competidor en el mercado; las grandes empresas, impulsadas por el auge de la inteligencia artificial, también están buscando capital. Por ejemplo, gigantes tecnológicos como Alphabet, Amazon y Microsoft emitieron cerca de 220.000 millones de dólares en deuda en 2026, más del doble que en el año anterior.
Este incremento en la emisión de deuda corporativa compite por el capital de los inversores en un momento en que el Gobierno también necesita colocar grandes cantidades de deuda. Esto ha llevado a una especie de competencia por los dólares, donde los inversores cada vez tienen más opciones y pueden exigir tasas más altas.
Además, la inversión en infraestructura tecnológica relacionada con inteligencia artificial podría sostener el crecimiento y elevar las expectativas de productividad en la economía estadounidense, sugiriendo que puede haber espacio para tasas de interés reales más elevadas.
El análisis también menciona un aumento significativo en el programa de recompras de deuda de largo plazo del Tesoro, que ha multiplicado por tres la magnitud de estas operaciones. Sin embargo, las tasas largas han continuado en ascenso, lo que indica un problema más profundo que una simple falta de liquidez temporal.
El rendimiento de un Treasury a diez años que supera el 5% altera la ecuación para los administradores de fondos, quienes deben encontrar una prima adecuada que compense el riesgo antes de invertir en deuda emergente. Los activos de mayor riesgo tienden a ser los primeros en sufrir cuando aumenta la aversión al riesgo.
El informe indica que tanto los fondos de alto rendimiento como los ETF de deuda emergente experimentaron salidas de capital, con Argentina siendo una de las más afectadas. Durante septiembre, los bonos Globales largos argentinos enfrentaron pérdidas cercanas al 7%, con un incremento en el diferencial de riesgo respecto a otros países latinoamericanos, que pasó de 160 a 450 puntos básicos desde principios de agosto. Esto implica que Argentina no solo enfrenta un entorno internacional de tasas crecientes, sino también una presión específica derivada de sus propios riesgos.
















