“Ya no es suficiente preguntarse si un tratamiento funciona; es crucial entender en quiénes funciona, por qué y bajo qué circunstancias. Para abordar esas interrogantes se requieren millones de datos clínicos, genómicos, ambientales y sociales de diversas poblaciones. Este requerimiento ha dado lugar a una nueva era de proyectos internacionales construidos sobre grandes cohortes poblacionales”, afirmó Glenda Ernst, profesora de Metodología y Estadística de la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad del Salvador (USAL). Desde el mes pasado, Ernst también es la referente institucional de All of Us, un programa de investigación de los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos (NIH) al que se ha sumado la facultad. “Demostraron que es posible incluir a todos los sujetos subrepresentados”, destacó.
Los estudiantes y académicos avanzados de Medicina de la USAL contarán con acceso a la base de datos y las herramientas analíticas de esta plataforma, la cual se construye en un 50% con información proveniente de grupos que tradicionalmente no se ven incluidos en la evidencia que respalda el uso de fármacos y estudios. Entre estos grupos se encuentran, por ejemplo, personas mayores de 65 años, mujeres y habitantes de zonas rurales o de gran altitud. Las fuentes de datos incluyen historias clínicas electrónicas, encuestas, controles de talla y dispositivos de seguimiento, así como estudios genómicos a partir de muestras de algunos de los participantes, asegurando en todo momento la confidencialidad.
Hasta la fecha, más de 1400 estudios han sido realizados utilizando esta información, cuyo acceso está restringido a usuarios autorizados que cuentan con el respaldo institucional necesario.
En la USAL, hay un creciente interés por parte de docentes y alumnos en utilizar All of Us como una herramienta para sus proyectos, tal como fue reportado en Ciencias Médicas. “Esto permitirá que los investigadores de la universidad lleven a cabo estudios observacionales, epidemiológicos, metodológicos y de ciencia de datos con información que ya ha sido recolectada, promoviendo así la generación de evidencia científica de alto impacto y el establecimiento de nuevas colaboraciones internacionales”, enfatizó el decano Daniel Martínez.
La facultad debió firmar un Acuerdo de Registro y Uso de Datos (DURA), una autorización necesaria del programa del NIH, antes de que se inicie el proceso de acreditación de cada investigador, quienes deben registrarse con un correo institucional de la USAL. La plataforma, a su vez, informará a la coordinadora institucional sobre los proyectos que se desarrollen desde estos correos.
“En el modelo implementado por All of Us, ningún investigador accede automáticamente a la información”, aclaró Ernst, quien además lidera la Unidad de Investigación Traslacional del Hospital Británico. “El proceso comienza con la confirmación de identidad y una autenticación en dos pasos, seguido de una capacitación obligatoria en ética e investigación responsable, y la aceptación de un código de conducta específico para el uso de datos. Solo después de cumplir con todos estos requisitos, el investigador recibirá una credencial digital que confirma su identidad y el nivel de acceso autorizado.”
La USAL, como organización responsable, debe garantizar un uso “ético y seguro” de los datos y herramientas analíticas del programa. El proyecto que presente el usuario será decisivo para determinar el conjunto de datos al que tendrá acceso. El trabajo se realiza dentro de la plataforma, sin posibilidad de descargar la información. “Uno de los aspectos más innovadores del sistema es que el acceso no es uniforme, sino escalonado: a medida que aumenta la complejidad de los datos disponibles para la investigación, también se incrementan los requisitos, las medidas de protección de la privacidad y las responsabilidades del investigador. Este modelo permite combinar la apertura científica con una sólida gobernanza de los datos”, expuso la coordinadora.
Ernst, por ejemplo, está interesada en avanzar en su investigación sobre mujeres diagnosticadas con cáncer de pulmón que nunca han fumado, un grupo que, como ella misma señala, suele quedar fuera de las definiciones para las pruebas de detección temprana, a pesar de ser una “proporción significativa” del total de casos en mujeres. Este problema se inicia en los estudios epidemiológicos, donde su representación es insuficiente.
“Durante décadas, el avance en medicina ha dependido fundamentalmente de ensayos clínicos. Se han desarrollado vacunas, tratamientos y medicamentos que han cambiado la vida de millones de personas. Sin embargo, este modelo ha comenzado a evidenciar ciertas limitaciones: gran parte de la evidencia científica se ha generado sobre poblaciones que no reflejan adecuadamente la diversidad de quienes posteriormente recibirán esos tratamientos”, explicó. “Las mujeres, los adultos mayores, las minorías étnicas y las personas con múltiples condiciones crónicas han estado históricamente subrepresentados, lo que ha llevado a resultados menos aplicables a la población general y, en algunos casos, a una falta de información sobre la eficacia o seguridad en grupos específicos.”















