El deterioro respecto del segundo semestre de 2025 estuvo vinculado principalmente con la evolución de los ingresos y del mercado laboral, en un contexto de estancamiento de la actividad económica. En términos absolutos, unas 1,9 millones de personas se incorporaron a la población en situación de pobreza, mientras que alrededor de 538.000 pasaron a encontrarse en situación de indigencia.
Una medición alternativa, que contempla la subdeclaración de ingresos y utiliza canastas actualizadas de acuerdo con la Encuesta Nacional de Gastos de los Hogares (ENGHo) 2017/18, ubicó preliminarmente la pobreza cerca del 45% de la población. Ese cálculo representa un incremento de 1,4 puntos porcentuales frente al segundo semestre del año pasado.
Otro análisis permitió observar el efecto de las transferencias sociales sobre los indicadores. Sin la Asignación Universal por Hijo, la Tarjeta Alimentar, las Pensiones No Contributivas, el Progresar y los programas de empleo, la pobreza habría alcanzado el 35,3%, mientras que la indigencia habría llegado al 12%.
La evolución de los ingresos constituye uno de los principales factores para explicar el comportamiento del indicador. De acuerdo con una estimación basada en el IPC y en una canasta actualizada a partir de la ENGHo 2017/18, el ingreso real registrado cayó 0,6% mensual en julio y 3,1% interanual.
Con ese resultado, quedó 10,3% por debajo del promedio registrado entre enero y septiembre de 2023. La mayor incidencia en la caída correspondió a los salarios privados formales, que retrocedieron 1,2% mensual y 3,2% interanual.
Además del aumento de la cantidad de personas por debajo de la línea de pobreza, también se observó un deterioro en la situación de los hogares que ya se encontraban en esa condición. El ingreso familiar promedio de estos hogares pasó a cubrir el 64,1% de la Canasta Básica Total. La diferencia equivale a unos $569.100 mensuales por hogar, a precios de agosto.
Para los próximos meses, distintas estimaciones plantean un escenario de relativa estabilidad, siempre que no se produzcan cambios significativos en la inflación o en el nivel general de actividad.
En ese sentido, la evolución de los salarios privados, las jubilaciones y las asignaciones constituye uno de los elementos que pueden incidir sobre el indicador hacia el cierre del año.
También se considera que, si la inflación mantiene niveles similares a los actuales, los ingresos reales podrían estabilizarse o recuperar parte de lo perdido. Con canastas que no registren variaciones importantes y sin nuevos aumentos significativos en determinados alimentos, la pobreza podría dejar de crecer durante el segundo semestre.
El comportamiento de los ingresos informales aparece como otro de los puntos a seguir. La evolución de la pobreza está relacionada con los ingresos de los hogares de menores recursos y con el costo de las distintas canastas de consumo.
Hasta el primer trimestre de la Encuesta Permanente de Hogares, los salarios informales habían mostrado incrementos reales elevados en comparación con el desempeño general de la economía. Esta evolución generó distintos análisis entre especialistas en economía y mercado laboral.
Una de las explicaciones planteadas es que los aumentos registrados en ese segmento podrían haber compensado un déficit de registro de los ingresos durante los años de aceleración inflacionaria, entre 2021 y 2023.
Los datos más recientes sobre pobreza indicarían que ese proceso de recuperación habría llegado a su fin. A partir de ahora, los ingresos del sector informal podrían comenzar a mostrar incrementos más alineados con la evolución de la actividad económica.
De esta manera, la trayectoria de la pobreza durante los próximos meses quedará vinculada principalmente con el comportamiento de los ingresos, los precios de las canastas de consumo, el empleo y el nivel de actividad.
















