“Los palitos chinos son como la vida misma (…) De eso se trata la vida, de mover con delicadeza distintas piezas, esperando que ese movimiento implique un bien mayor”. Así lo expresa Mónica Breitman, psicóloga de 69 años y abuela de 16, en su obra ¿Qué hacían los niños cuando no existía la tecnología? Este libro de autor y tapa dura refleja cómo ella y muchos otros disfrutaron de juegos como las bolitas, el elástico, el poliladron o el pisa pisuela, entre otros. Breitman presenta un compendio de juegos que se renuevan con el tiempo, mientras que otros permanecen vivos en la memoria colectiva. A través de ellos, invita a los lectores a revivir aventuras, descubrimientos y alegrías. Aunque podría parecer un homenaje a la nostalgia, la autora tiene una visión muy clara: su intención es motivar a los lectores a seguir jugando. “¿Hay edad para jugar?” se pregunta, y responde: “No. Creo que, como el juego mismo, este libro es apto para todo público”. Al respecto, destaca que para los más pequeños, los dibujos y colores de las ilustraciones de Cecilia Gerpe serán lo más atrayente, mientras que los que ya saben leer encontrarán información sobre cómo se jugaba cada juego en el pasado y podrán reflexionar si aún se practican o, incluso, atreverse a probarlos. Los adultos, por su parte, podrán acceder a recursos pedagógicos que cada juego aporta, capacitando a nuevas generaciones, ya sea aprendiendo letras y números a través del juego de la maestra, desarrollando estrategias con las cartas o mejorando habilidades motrices con actividades deportivas. “En el libro comparás la vida con una plaza”, se le recuerda, y ella afirma: “Esa plaza está poblada de lecciones, en el buen sentido, igual que la infancia, especialmente al mirarla con ojos de niño”. Para Breitman, lo importante es hablar desde lo positivo y usar esos aprendizajes para crecer y disfrutar. A medida que se le preguntan sobre los comentarios de lectores adultos, menciona que muchos expresaron cómo su lectura los transportó a instantes felices de su infancia. También confiesa que ha recibido menciones de juegos que no están en su libro, lo que le llevó a dejar un espacio en blanco para que los lectores puedan complementar la obra con sus experiencias. “Cuando yo era niña, aunque ya había radio y televisión, nuestros juegos eran mucho más sobre interacción humana. Hoy, como abuela, veo cómo la tecnología se convierte en un ‘chupete’ para los niños”, señala en el prólogo del libro. Además, manifiesta su preocupación por el aumento de problemas de ansiedad ligados a la inmediatez que impone la tecnología. Sin embargo, enfatiza que no es adversa a ella, ya que la utiliza. Su objetivo es rescatar lo valioso que se podría estar perdiendo. La idea del libro surgió en una caminata por la playa, donde comenzó a grabar sus reflexiones en el celular antes de pasarlas a papel. Al evocar su infancia para escribir, recuerda posar para una publicidad de zapatos, momento que atesora por el tiempo compartido con su padre. “Elegir las fotos que aparecen en el libro fue muy emotivo”, confiesa, al haber tenido que buscar en el cajón de recuerdos de sus padres, que ya no están presentes, pero persisten en su corazón. “Creo que siempre hay que llevar en el corazón lo mejor de la infancia y seguir jugando. El juego es vida y lo que nos hace felices, sobre todo cuando se realiza con seres queridos”. Preguntada sobre la recepción del libro por parte de sus nietos, relata que algunos se han divertido al reconocer juegos que no conocían, mientras que otros han reavivado el interés por juegos tradicionales como la rayuela o la soga. ¿Qué hacían los niños cuando no existía la tecnología? se encuentra a un precio de 19.900 pesos y puede adquirirse a través de una plataforma de Instagram. Las ganancias serán destinadas a la Fundación Cherry Breitman, que apoya a personas con discapacidad, continuando así el legado de su madre, reconocida por su trabajo en este ámbito.
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