Los alemanes cuentan con un término específico para describir esto: umfunktionierung, que se refiere a la transformación funcional de lo que ya existe. Este concepto fue presentado por Bertolt Brecht en los años 30 y lo conocí a través del boletín de Seth Godin, un reconocido autor y pensador del marketing. Godin transforma esta idea en un llamado a la acción en la actualidad: no siempre innovamos creando algo novedoso; a veces, el verdadero impacto radica en reinventar la función de herramientas ya disponibles.
La mayoría de las personas utilizamos los instrumentos que se nos proporcionan tal como fueron concebidos. A menudo seguimos las instrucciones y adoptamos las funciones definidas por quienes nos precedieron. Sin embargo, aquellos que desafían el statu quo se plantean una pregunta diferente: ¿Y si esta herramienta pudiera servir para algo totalmente distinto? Si se presta atención, se pueden encontrar numerosos ejemplos en los que los usuarios y las sociedades han cuestionado lo evidente en busca de nuevas posibilidades.
Twitter no fue creado como una plataforma para impulsar movimientos sociales, pero los activistas lo transformaron en una herramienta cuyo fin original nunca había sido contemplado por sus creadores. El correo electrónico no se diseñó para enviar boletines, pero los creadores de contenido lo redefinieron y así nació un nuevo medio de comunicación. Los teléfonos inteligentes no estaban destinados a grabar documentales, sin embargo, muchos cineastas reinventaron su propósito. WhatsApp, inicialmente una aplicación de mensajería, se ha convertido en una infraestructura fundamental para las pequeñas y medianas empresas en Argentina. Hoy, millones de empresas utilizan esta herramienta para vender, cobrar, atender a sus clientes, enviar presupuestos y brindar soporte. Aunque no fue concebida como un ERP para pymes, ha cumplido esa función.
La umfunktionierung no requiere grandes presupuestos en innovación ni laboratorios de investigación y desarrollo, sino que demanda una nueva forma de observar lo que ya está disponible: ¿Qué dato, proceso o activo que hoy consideramos un subproducto o un desperdicio podría convertirse en el núcleo de un nuevo negocio? ¿Qué están haciendo nuestros clientes con nuestro producto que no ha sido diseñado ni imaginado por nosotros? (Ahí puede hallarse la próxima fuente de ingresos, oculta a plena vista). ¿Qué función le damos a la inteligencia artificial: la utilizamos para agilizar procesos establecidos o tenemos el coraje de repensar el negocio? La innovación no siempre significa inventar algo nuevo. A veces, se trata de que alguien, al enfrentarse a un chocolate derretido, vea más allá de lo evidente y formule una nueva pregunta.
















