“El Niño es un fenómeno cíclico que tiene tres estados: La Niña, neutral y El Niño”, explicó. Su activación depende de la temperatura del océano Pacífico ecuatorial: se produce El Niño cuando el agua se calienta y La Niña cuando se enfría. Este cambio en la temperatura influye en la circulación atmosférica, generando un entorno atípico que obligue a la atmósfera a adaptarse a un mayor contenido de energía y de vapor de agua.
“En nuestro país, El Niño provoca diversas alteraciones según la región y la estación del año”, comentó la especialista. Generalmente, este fenómeno tiende a traer más días nublados, lloviznas y temperaturas máximas más bajas en primavera y verano, lo que significa que no se experimentarán prolongados períodos de buen tiempo que permitan un aumento excesivo de las temperaturas.
En el ámbito agrícola, El Niño suele ser menos perjudicial comparado con La Niña, ya que los suelos son más resistentes a las inundaciones que a las sequías. Sin embargo, en áreas urbanas y para la sociedad en general, las inundaciones y los días calurosos pueden presentar mayores complicaciones.
Fernández anticipó que “El Niño seguirá presente como mínimo hasta el inicio del otoño del año próximo”, lo que indica que se mantendrán las condiciones actuales durante varios meses más.
Acerca de la comparación habitual entre los climas del hemisferio norte y el hemisferio sur, la especialista aclaró: “El hemisferio norte y el sur operan de manera completamente desacoplada en términos meteorológicos”. Por esta razón, aunque Europa haya vivido olas de calor extremas, esto no significa que Argentina experimente patrones similares.
Sin embargo, reconoció que las estadísticas indican una tendencia hacia veranos más cálidos y con mayor cantidad de olas de calor, tanto en Europa como en Argentina, un fenómeno que efectivamente está vinculado al cambio climático global.
En Argentina, este fenómeno se asocia a un incremento de las lluvias, mientras que en Europa suele relacionarse con sequías. En Brasil, El Niño produce situaciones extremas: el sur del país experimenta abundantes lluvias, mientras que las regiones centrales y del norte de la Amazonia enfrentan severas sequías, lo que tiene consecuencias graves para la selva.
Respecto a la temporada de verano, la experta subrayó que no necesariamente debemos esperar una “temporada desfavorable”. Sin embargo, desalentó viajar al sur de Brasil como destino turístico, sugiriendo en cambio la costa norte de la Patagonia.
















