Cepeda, quien se desempeña como sereno desde hace 16 años, mayormente realiza su trabajo durante la noche desde hace aproximadamente una década. Entre sus responsabilidades nocturnas está la vigilancia del predio, tarea que antes realizaba acompañado por los perros del cementerio, aunque con el tiempo estos envejecieron y dejaron de acompañarlo. “Salgo a recorrer tres o cuatro veces por noche”, comentó.
Durante las largas horas en la garita, Cepeda pasa el tiempo tomando mate, escuchando la radio o charlando por teléfono. Sin embargo, el aburrimiento lo lleva a caminar nuevamente por el lugar.
Aunque no siente miedo al trabajar en el cementerio, considera que los peligros no provienen de fenómenos sobrenaturales, sino de las personas que solían entrar al recinto antes de que se instalara un portón. Relató una inquietante experiencia: un hombre que merodeó el cementerio durante varias noches y, en una ocasión, se le acercó mostrando un revólver. “‘Mirá, ando con un 38 acá’, me mostró un revólver grande, ‘voy a matar a alguno o me voy a matar yo. Si te vas a matar, hacelo por ahí, no me traigas problemas a mí acá’, dijo”, narró Cepeda.
Las noches también le han dejado historias sorprendentes. Al abrir el portón, ha encontrado en varias ocasiones cajas, velas, pochoclos y diversos objetos asociados a rituales o prácticas de brujería.
Cuando se le preguntó sobre los momentos más sorprendentes que ha vivido en el cementerio, Cepeda comentó: “Me pasaron dos, tres cosas”. A pesar de no sentirse asustado, admitió que ha habido episodios que no logra explicar del todo.
Sobre estas experiencias, Cepeda prefirió compartirlas únicamente con su esposa. “Se lo cuento a mi señora nada más, porque sabe que no estoy loco”, concluyó.














