El dato que difundirá el organismo surgirá de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) y, de acuerdo con las estimaciones incluidas en el análisis oficial, podría mostrar una suba de entre dos y tres puntos porcentuales. El resultado se conocerá después de que durante 2025 se alcanzaran los niveles más bajos de pobreza desde el comienzo de la actual gestión.
Frente a ese escenario, el Gobierno prevé poner el nuevo número en perspectiva y compararlo con los registros anteriores. El principal punto de referencia será el primer semestre de 2024, cuando la pobreza alcanzó al 52,9% de las personas y la indigencia al 18,1%.
En contraste, durante el segundo semestre de 2025 esos indicadores habían descendido al 28,2% y al 6,3%, respectivamente. De acuerdo con los datos del INDEC, esto representó una reducción de 24,7 puntos porcentuales en la pobreza y de 11,8 puntos en la indigencia respecto del primer semestre de 2024.
La posición que prepara la administración de Javier Milei apunta a diferenciar un deterioro puntual registrado durante un semestre de una modificación de la tendencia general. En ese sentido, el Gobierno vincula la evolución de la pobreza con el comportamiento de los precios y sostiene que la desaceleración de la inflación permitió recuperar gradualmente el poder adquisitivo de los hogares y moderar el aumento de las canastas utilizadas para medir pobreza e indigencia.
Durante algunos meses del primer semestre, sin embargo, esa dinámica habría perdido impulso. El aumento de la inflación durante marzo y abril impactó sobre los ingresos reales, con mayor efecto sobre los hogares de menores recursos, que destinan una proporción más elevada de sus ingresos al consumo cotidiano.
La evolución posterior de los precios constituye otro de los elementos que el Gobierno considera relevantes. Si la desaceleración de la inflación continúa y los ingresos mantienen una evolución favorable, la expectativa oficial es que los indicadores sociales puedan mejorar durante la segunda mitad del año.
La relación entre inflación y pobreza se explica, entre otros factores, porque la medición compara los ingresos de los hogares con el valor de las canastas básicas. En mayo, por ejemplo, la inflación mensual había sido del 2,1%, mientras que la Canasta Básica Alimentaria aumentó 2,4% y la Canasta Básica Total, 2%.
La situación de niños y adolescentes ocupa otro lugar central dentro del análisis. Durante el primer semestre de 2024, la pobreza alcanzaba al 67,1% de los menores de 17 años y la indigencia al 27,3%. Para el segundo semestre de 2025, esos porcentajes habían descendido al 42,3% y al 9,4%, respectivamente.
El Gobierno también vincula esa evolución con las políticas de asistencia directa destinadas a los sectores de menores ingresos. Entre las principales herramientas mencionadas se encuentran la Asignación Universal por Hijo y la Tarjeta Alimentar.
El objetivo planteado es que la cobertura conjunta de ambas prestaciones llegue al 95% de la Canasta Básica Alimentaria. Dentro de esa política, se destacan aumentos acumulados del 645% en la AUH, del 228% en la Tarjeta Alimentar y del 2.137% en la Asignación Mil Días, destinada a la primera infancia.
La estrategia oficial frente al próximo informe buscará, de esta manera, ampliar la comparación más allá del resultado registrado al cierre de 2025. El Gobierno pretende poner en relación el eventual aumento del indicador con la fuerte reducción registrada desde el primer semestre de 2024 y con la evolución de los ingresos y de los precios.
La administración nacional también sostiene que una reducción sostenida de la pobreza requiere combinar las políticas de asistencia con equilibrio fiscal, estabilidad macroeconómica y una trayectoria descendente de la inflación. Bajo ese enfoque, las transferencias estatales continuarían concentradas en los sectores considerados más vulnerables.
Con el nuevo informe del INDEC, la pobreza quedaría por encima del 28,2% registrado durante el segundo semestre de 2025, según la previsión planteada en el material. A partir de ese resultado, el Gobierno buscará centrar la discusión en la evolución acumulada desde el máximo del primer semestre de 2024 y en las condiciones económicas necesarias para retomar una trayectoria descendente durante la segunda mitad de 2026.
















