La discusión no se limita al contenido de los cambios propuestos. También puso de manifiesto dificultades de coordinación entre el equipo económico, los dirigentes políticos y los legisladores que participan de las negociaciones en el Congreso, en un momento en que el Gobierno necesita reunir apoyos para avanzar con el Presupuesto y otros proyectos de su agenda.
Una de las primeras dirigentes en expresar su malestar fue Patricia Bullrich, presidenta del bloque de La Libertad Avanza en el Senado. La senadora aseguró que desconocía las modificaciones vinculadas con discapacidad y señaló que el tema no había sido abordado previamente en la mesa política. Su preocupación estuvo vinculada al impacto que una decisión de esas características podía tener sobre la relación con los bloques aliados, cuyos votos resultan necesarios para avanzar con las iniciativas del oficialismo.
La situación también generó sorpresa entre los diputados de La Libertad Avanza. La bancada venía participando de conversaciones con sectores aliados para elaborar un dictamen alternativo sobre discapacidad y buscar una propuesta que pudiera reunir respaldo en la Cámara baja. La incorporación de modificaciones dentro del proyecto de Presupuesto obligó a revisar esa negociación.
El episodio dejó expuesta una diferencia sobre los tiempos y prioridades dentro de la gestión. Mientras el equipo económico sostiene la necesidad de preservar el equilibrio fiscal y evitar modificaciones que puedan alterar los fundamentos del programa, el sector político advierte sobre el costo parlamentario que determinadas decisiones pueden generar en la relación con gobernadores, aliados y otros bloques.
En el caso de discapacidad, el oficialismo había decidido intervenir en el debate legislativo y negociar con otros sectores en lugar de bloquear el tratamiento. La elaboración de un dictamen junto con aliados formaba parte de esa estrategia. La incorporación posterior de cambios en el Presupuesto que modificaban los términos de esa negociación provocó cuestionamientos dentro de la propia bancada oficialista.
Bullrich planteó que las decisiones de este tipo deberían ser discutidas previamente en la mesa política para evitar que los legisladores lleguen al Congreso con un proyecto diferente del que habían negociado con otros bloques.
La discusión se conecta con una cuestión más amplia que atraviesa al Gobierno: cómo sostener los fundamentos del programa económico y, al mismo tiempo, desarrollar una estrategia política que permita ampliar respaldos de cara a la segunda mitad de la gestión.
El planteo del sector político no implica, según esta visión, abandonar el equilibrio fiscal ni regresar a políticas anteriores. La discusión se concentra en el margen disponible para adoptar medidas que permitan que la recuperación económica tenga un impacto más visible sobre la actividad cotidiana y que, a la vez, faciliten la construcción de acuerdos legislativos.
Las diferencias también aparecen en torno a la política cambiaria. En reuniones de la mesa política, Bullrich planteó que el tipo de cambio debería acompañar la inflación para evitar un eventual atraso que pudiera afectar la actividad y la competitividad. Desde el equipo económico, en cambio, sostienen que cualquier modificación debe formar parte de una estrategia integral y no responder a presiones coyunturales.
Desde el entorno del presidente Javier Milei se mantiene la defensa de la continuidad del programa económico. La posición oficial apunta a sostener el rumbo y a que los legisladores puedan explicar públicamente los resultados de las políticas implementadas. En una reunión reciente, el mandatario cuestionó los diagnósticos relacionados con la evolución de la actividad, el empleo y el poder adquisitivo y reafirmó la necesidad de mantener la estrategia definida.
El debate no necesariamente supone la existencia de dos programas económicos dentro del Gobierno. La diferencia se relaciona con los márgenes políticos para administrar el mismo esquema. Mientras el área económica prioriza la estabilidad y la continuidad del programa, el sector político plantea la necesidad de combinar esos objetivos con una agenda electoral y con la construcción de mayorías parlamentarias.
En ese escenario, la mesa política tiene entre sus principales tareas la búsqueda de consensos para el Presupuesto 2027 y para otros proyectos considerados centrales por el oficialismo, entre ellos la reforma política.
Durante una cena en San Telmo, Karina Milei también remarcó ante legisladores de La Libertad Avanza la importancia de mantener una relación cuidada con los dirigentes y sectores que pueden acompañar al Gobierno en el Congreso.
El tratamiento del Presupuesto 2027 concentra así una discusión que excede los números del proyecto. Dentro del oficialismo, el desafío pasa por sostener los lineamientos económicos mientras se busca ampliar los acuerdos políticos necesarios para avanzar con la agenda legislativa durante la segunda parte de la gestión.














