El especialista subrayó que esta capacidad de aprendizaje puede ser una gran aliada para lograr una convivencia armónica, aunque también puede reforzar conductas indeseadas si las respuestas de los dueños son inconsistentes.
A diferencia de los perros, los gatos no imitan las acciones humanas, pero sí son capaces de asociar comportamientos con las consecuencias que estos generan. Con el tiempo, logran identificar qué actitudes les permiten acceder a comida, atención o ciertos espacios dentro del hogar.
“De nosotros pueden aprender muchas cosas: algunas nos ayudan muchísimo en nuestra convivencia y hay otras que sería muchísimo mejor que nunca las hubiesen aprendido”, argumentó Carlos Gutiérrez.
Para el veterinario, la clave radica en mantener reglas claras y en responder siempre de manera uniforme para que el animal entienda qué se espera de él.
Uno de los ejemplos más frecuentes se da durante la hora de la alimentación. Si el dueño responde a cada maullido, el gato aprende que insistir es efectivo y repetirá ese comportamiento con mayor frecuencia. Por el contrario, al establecer una rutina fija donde el alimento se presenta a horarios predecibles, el felino desarrolla paciencia y disminuye las conductas de exigencia constante.
Según Gutiérrez, fijar límites desde el comienzo previene muchos de los inconvenientes de convivencia que pueden surgir con el tiempo.
Los gatos son expertos en resolver pequeños retos. Pueden memorizar dónde se encuentran sus premios, recordar rutas y hasta aprender a abrir puertas o acceder a objetos que les interesan.
Por ello, el veterinario sugiere ofrecer juguetes interactivos y comederos de actividad que los desafíen a pensar antes de obtener alimento. “Si tu gato aprende a resolver pequeños problemas para conseguir alimento, su día a día será mucho más rico y estimulante”, indicó.
Los felinos requieren un entorno predecible. Permitirles subirse a un mueble un día y sancionarlos al siguiente provoca confusión, dado que comprenden mejor las reglas cuando estas son constantes. Además, consideran a sus tutores como modelos a seguir en situaciones novedosas. Ruidos fuertes, visitas inesperadas o cambios en el entorno pueden generarles angustia, y la reacción de los humanos influye directamente en cómo el gato percibe esos estímulos.
“Si tu gato le tiene miedo a algo, es crucial que tú mantengas la calma, porque te está utilizando como referencia”, concluyó Gutiérrez. Para el especialista, una convivencia armoniosa depende no solo del temperamento del gato, sino también de los hábitos, la coherencia y las señales que recibe de las personas con las que convive.
















