Un nuevo estudio de gran envergadura, publicado en la revista Nature por un grupo internacional de investigadores, ha dado respuesta a esta interrogante: se han identificado 1.260 variantes genéticas, 824 de las cuales no habían sido asociadas previamente a la personalidad, distribuidas por todo el genoma.
El análisis está basado en datos de más de 1,14 millones de individuos organizados en 46 grupos, y busca establecer relaciones entre las variantes del ADN y los cinco grandes rasgos de personalidad, conocidos como “Big Five”: extraversión, amabilidad, responsabilidad, neuroticismo y apertura a la experiencia. Los hallazgos no sugieren que se pueda predecir la personalidad de manera directa a partir del ADN, sino que algunas variantes podrían influir en ciertos comportamientos, reforzando la idea de que la educación y el entorno social son determinantes más significativos en la personalidad que la genética.
Este consorcio ha establecido que las 1.260 variantes genéticas están asociadas con la personalidad de manera “estadísticamente robusta”, lo cual representa un progreso significativo en comparación con investigaciones previas. Las variantes identificadas explican entre el 4,8% y el 9,3% de la variación de cada rasgo entre los individuos, cifra que se encuentra por debajo del 40%-60% reportado en estudios de gemelos, lo que subraya la influencia del entorno en la formación de la personalidad.
Curiosamente, la familia tiene un papel menos determinante de lo esperado. A diferencia de otros aspectos sociales como el nivel educativo o la inteligencia, la personalidad parece estar menos influenciada por el entorno familiar. Al comparar hermanos y sus padres, los efectos genéticos observados fueron prácticamente equivalentes a los de la población general. “Es algo que me ha sorprendido”, comentó Michel Nivard, profesor de Epidemiología Genética en la Universidad de Bristol y uno de los autores del estudio. “En lo educativo, hay una clara correlación entre los genes y los ambientes que favorecen esa educación. Pero para la personalidad, ese efecto es casi inexistente”, añadió.
Un hallazgo relevante del estudio es la falta de evidencia de un “gen de la personalidad”. A diferencia de enfermedades como el alzhéimer, donde ciertas variantes incrementan significativamente el riesgo, cada una de las 1.260 variantes contribuye de manera muy sutil. Por ejemplo, la variante más influyente en la extraversión muestra un efecto tan pequeño que apenas marca una diferencia entre el percentil 50 y 50,35 de la población. Los investigadores subrayan que, incluso sumando cientos de miles de estas variantes, la personalidad de un individuo específico no puede preverse con exactitud; estas estadísticas son más útiles para análisis de grupos en general. Nivard sostiene que el método más eficaz para conocer la personalidad de una persona sería a través de un test breve de veinte minutos, que demuestra alta fiabilidad.
Asimismo, el estudio no se limita al análisis genómico; también establece conexiones entre las variantes identificadas y comportamientos concretos. Por ejemplo, aquellos con más variantes asociadas a la apertura a la experiencia tienden a mudarse a áreas urbanas y cosmopolitas, mientras que aquellos con alta responsabilidad se trasladan a barrios residenciales más acomodados. Estas características también se vinculan a patrones de actividad diferentes y a comportamientos como el tabaquismo.
La amabilidad es el rasgo más complicado de analizar. Se han encontrado menos correlaciones genéticas entre diferentes países y se considera un rasgo menos heredable. Nivard sugiere que la percepción de lo que significa ser “amable” puede variar culturalmente, complicando su comparación.
Es interesante observar que los perfiles genéticos vinculados a la apertura a nuevas experiencias están asociados con un mayor riesgo de trastornos psicológicos, un hallazgo que contradice investigaciones anteriores. Nivard no tiene una explicación definitiva pero plantea la hipótesis de que las personas más abiertas puedan participar más en estudios de este tipo, aun con trastornos, lo que podría afectar la muestra.
El verdadero descubrimiento de esta investigación radica no solo en sus resultados inmediatos, sino también en la enorme cantidad de datos que generará nuevas investigaciones en genética, sociología, psicología y psiquiatría. Representa un avance significativo, dada la existencia de millones de variantes genéticas en el genoma humano, lo que abre nuevas oportunidades investigativas. Para Miguel Pita, genetista ajeno al estudio, el valor de este trabajo radica en confirmar lo que hasta ahora se consideraba evidente: que la genética tiene un papel importante en la personalidad, algo que ha sido demostrado gracias a esta vasta recopilación de datos.
El estudio reitera que la antigua dicotomía entre “naturaleza o crianza” ha quedado obsoleta. Nivard compara esta situación con investigaciones sobre el cáncer de pulmón, donde se identifican genes vinculados a la enfermedad, pero nadie niega que el tabaquismo, un factor ambiental, es su principal causante. Pita concluye que tanto la genética como el entorno tienen un rol en la personalidad, y seguir enfrentando ambos aspectos es un debate que ya debería considerarse superado.
















