Nueve notas manuscritas del teniente general Eustaquio Frías, quien sirvió como granadero del Libertador durante las campañas en Perú, Ecuador y el sur de Chile, dan testimonio de la decisión del gobierno de Justo José de Urquiza de reconstituir el Regimiento de Granaderos a Caballo de Nueva Creación.
Los primeros listados de nuevos reclutas indican la inclusión de 56 soldados, además de suministros, armamento y diarios de campaña. Sin embargo, a pesar del fervor que mostraron tanto el antiguo compañero de armas de San Martín como el teniente coronel Justo Guaty en el impulso de esta iniciativa, el proyecto fracasó aproximadamente cinco meses después de ser reflotado.
“Los textos que encontramos no especifican el lugar donde iba a funcionar el regimiento recuperado. Tampoco sabemos por qué fueron a parar al Juzgado de Paz y allí quedaron durante más de un siglo. Este conjunto de documentos desconocidos plantea un interesante desafío para la historiografía nacional”, comentó José Luis Aguilar, director del Museo y del Grupo Conservacionista de Fósiles de San Pedro, quien halló los documentos olvidados junto a sus colaboradores Noelia González y Javier Saucedo.
La primera referencia sobre el breve resurgimiento del cuerpo de Granaderos fue proporcionada por el historiador Roberto Colimodio, quien recuperó la autobiografía de Frías que se encuentra en el Archivo y Museo Mitre. Un párrafo de ese material original, escrito a mano por Frías, menciona: “Me llamó el general Urquiza y me ordenó que, de acuerdo con el ministro de Guerra, el general Manuel de Escalada, formase un cuerpo de caballería y que procurase oficiales de los cuerpos del Ejército”.
Colimodio también explica que el rápido ocaso del regimiento estuvo ligado a la llegada de la noticia de la revolución del 11 de septiembre, que marcó el inicio de la separación de la Provincia de Buenos Aires de la Confederación Argentina. Este acontecimiento generó problemas para Frías, quien enfrentó dificultades para cobrar más de tres meses de sueldos adeudados a soldados, suboficiales y oficiales, además de un crédito impago relacionado con alimentos y vestimenta.
Finalmente, el 28 de noviembre de 1852, Frías, frustrado por la promesa incumplida de los jueces de Paz de ampliar su tropa, cumplió una misión en la Guardia de San Miguel del Monte, acompañado de un reducido grupo de militares.
Frías, conocido como “el último granadero” por el vicepresidente primero del Instituto Sanmartiniano y la Asociación Sanmartiniana, Roberto Elissalde, ingresó a la división Granaderos a Caballo de la Escolta en 1817 y tenía el rango de cabo al unirse a las tropas de San Martín en Mendoza dos años después.
El Regimiento, disuelto por segunda vez, recuperaría su esplendor en 1903 gracias a una disposición del presidente Julio Roca. Más tarde, en 1909, José Figueroa Alcorta, sucesor de Manuel Quintana, delegó las funciones de la escolta presidencial en los granaderos.
El cuerpo, constituido para fortalecer la campaña de liberación de los pueblos del continente, hizo su reaparición el 28 de mayo de 1880, cuando se repatriaron los restos de San Martín desde Boulogne-sur-Mer (Francia) en el vapor Villarino. Ocho sargentos del Regimiento 1º de Caballería de Línea acompañaron el desembarco del féretro, vistiendo el tradicional uniforme de los Granaderos a Caballo. Sin embargo, parte de esta valiosa historia del país había quedado en el olvido durante décadas.
















