Sin embargo, esta estrategia tuvo un impacto negativo sobre los activos de riesgo. Las acciones y los bonos soberanos fueron los segmentos más afectados por el encarecimiento del financiamiento, en contraste con un contexto internacional que mostró señales más favorables.
Desde el sector financiero señalaron que las tasas de mercado volvieron a ubicarse en niveles similares a los registrados a comienzos de mayo, en un contexto de menor disponibilidad de liquidez. La autoridad monetaria redujo la absorción de pesos mediante operaciones de corto plazo y, en la última jornada, tomó apenas $500 millones a través de este mecanismo.
La tasa anual de las cauciones a un día subió hasta el 25%, cinco puntos porcentuales por encima de la semana anterior. En tanto, las Letras de Capitalización de mediano plazo ofrecieron rendimientos efectivos mensuales cercanos al 2,01%, mientras que algunos bonos de corto plazo alcanzaron tasas superiores al 2,10% mensual.
El escenario llevó al Banco Central a moderar el retiro de pesos del mercado. Si bien la estrategia permitió mantener relativamente controlada la cotización del dólar, también comenzó a generar efectos sobre el consumo, la morosidad crediticia y la cantidad de cheques rechazados.
Un informe privado indicó que los depósitos del Tesoro en la autoridad monetaria no aumentaron tras la última licitación de deuda, que obtuvo un financiamiento neto de $3,76 billones. Por el contrario, esos depósitos registraron una reducción y quedaron en $8,25 billones.
El análisis señaló que los datos monetarios sugieren que el Gobierno habría mantenido parte de esos fondos en cuentas dentro del sistema bancario para evitar una mayor presión sobre la liquidez. Habitualmente, los pagos de salarios y obligaciones públicas generan una reducción importante de esos depósitos, aunque en la última jornada de cierre mensual se observó un aumento de los fondos públicos en bancos comerciales.
Otro dato destacado fue la menor intervención del Banco Central en el mercado cambiario. La entidad redujo sus compras de dólares y, por consecuencia, también la emisión de pesos asociada a esas operaciones.
Durante la última jornada adquirió apenas US$8 millones. En los días previos había comprado US$18 millones y US$28 millones, respectivamente. El total acumulado en esas tres jornadas quedó por debajo de cualquier día de la semana anterior, cuando las compras alcanzaron un promedio diario de US$45,2 millones.
En el Mercado Libre de Cambios se negociaron US$518 millones. La menor presencia del Banco Central comprando divisas para fortalecer reservas fue uno de los aspectos más observados por los operadores. El dólar mayorista cerró con una suba de 50 centavos, en $1.496,50.
Como dato positivo, las reservas internacionales lograron superar la barrera de los US$50.000 millones.
Otro ssianálisis del mercado financiero destacó que, tras la renovación del acuerdo de intercambio de monedas con China por cinco años, las reservas netas se ubicaron a fines de julio en aproximadamente US$7.750 millones. Si bien implicaron una mejora, el nivel continúa siendo reducido en comparación con las necesidades del sistema.
También se señaló que los fondos obtenidos por el Tesoro en la última licitación, que inicialmente se esperaba que fueran depositados en el Banco Central, podrían haber sido derivados al sistema financiero para reducir la presión sobre las tasas de interés. Al mismo tiempo, los depósitos del Gobierno en dólares aumentaron US$780 millones y alcanzaron US$4.387 millones.
En el mercado de bonos vinculados al dólar, el volumen de operaciones se redujo. La menor demanda de cobertura cambiaria reflejó que, pese a las intervenciones oficiales y las tasas más altas en pesos, no se observaba una presión significativa sobre el tipo de cambio.
La mejora en los rendimientos en moneda local fue uno de los factores que permitió sostener esta situación. Las curvas de tasas pasaron de un rendimiento promedio efectivo anual del 24,1% al 26,9%.
En el mercado financiero, la menor disponibilidad de pesos impulsó bajas en las cotizaciones alternativas del dólar. El dólar MEP descendió $3 hasta ubicarse en $1.518, mientras que el contado con liquidación cayó $2 y cerró en $1.581. El dólar informal también retrocedió $5, hasta los $1.540, acumulando una baja semanal de $30.
En el mercado internacional, las tasas de los bonos del Tesoro estadounidense bajaron al 4,61%, frente al 4,70% de la semana anterior. Sin embargo, los bonos soberanos argentinos registraron pérdidas de hasta 0,5%, lo que elevó el riesgo país en siete puntos, hasta los 428 puntos básicos.
La presión vendedora estuvo vinculada principalmente a inversores que necesitaban liquidez en pesos y encontraron mayores costos para financiarse, por lo que optaron por desprenderse de activos.
Las acciones argentinas también sufrieron el impacto del escenario de tasas elevadas. El índice líder de la Bolsa porteña retrocedió 1% en pesos y 0,9% medido en dólares. Entre las mayores bajas se ubicaron entidades financieras y empresas energéticas.
El comportamiento de los activos locales no acompañó las señales favorables del contexto internacional, como la caída del precio del petróleo, la menor tensión en Medio Oriente, el retroceso global del dólar y los máximos alcanzados por los principales índices bursátiles estadounidenses.
En otros mercados, Brasil redujo su tasa de referencia al 14% anual, mientras que el oro extendió su recuperación con una suba cercana al 1%, favoreciendo el valor de las reservas. El petróleo también mostró una leve recuperación, mientras que los principales índices de Wall Street operaron en baja por toma de ganancias.
















