Damián Di Pace, director de la consultora Focus Market que llevó a cabo el análisis, explicó que “Tomamos horas de trabajo, dado que el peso cambia de valor según el día, la brecha cambiaria o la inflación del mes”. Además, puntualizó: “Las horas son universales e inapelables: todos tenemos las mismas 24 por día. Un par de zapatillas cuesta lo mismo en Resistencia que en Palermo. Lo que cambia, y de manera dramática, es cuánto hay que trabajar para pagarlo”.
La variación en el ingreso per cápita familiar es significativa entre las distintas provincias; por ejemplo, en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires alcanza los u$s1031, mientras que en La Rioja apenas llega a u$s550 y en Chaco a u$s619, lo que refleja claramente la disparidad existente.
Los datos obtenidos se representan en mapas que muestran las horas de trabajo necesarias en función de la geografía. Cada provincia se representa con un color específico que indica el esfuerzo que debe realizar un trabajador promedio, con una jornada de 10 horas diarias y 6 días a la semana, para adquirir cada uno de los cuatro productos analizados. A mayor oscuridad del color, mayor es el número de horas laborales requeridas. El precio de los bienes se mantiene constante en todo el país; lo que varía es el tiempo necesario para obtenerlos.
El producto que resulta más accesible en este estudio muestra una notable brecha. Tierra del Fuego presenta el menor esfuerzo, requiriendo 20 horas de trabajo, seguida por Neuquén y CABA con 21 horas.
En contraste, La Rioja necesita 57 horas, casi tres veces más, y Chaco 50 horas. En varias provincias del norte y el NEA, un par de zapatillas equivale a una semana completa de trabajo.
El jean, como segundo producto analizado, requiere el doble de horas de trabajo comparado con las zapatillas, ampliando aún más la brecha entre provincias. Para Tierra del Fuego, son necesarias 41 horas, mientras que en La Rioja son 116. Esto implica una diferencia de 75 horas, equivalente a casi tres semanas de trabajo para el mismo pantalón, con Chaco, Formosa y Santiago del Estero mostrando los números más altos, todos superando las 95 horas.
La desigualdad se vuelve evidente en este contexto. En cuanto al bien más caro del estudio, el iPhone, las diferencias salariales se traducen en cifras impactantes: en Tierra del Fuego se requieren 475 horas, mientras que en La Rioja son 1.342. En términos de trabajo, eso significa menos de dos meses frente a más de cinco.
Ocho provincias, incluidas Chaco, Formosa, La Rioja, Corrientes, Jujuy, Santiago del Estero, Salta y Tucumán, muestran que la cantidad de horas necesarias para acceder a un iPhone supera las 1.000, lo que significa que para esos trabajadores, el dispositivo más popular del mundo se torna prácticamente inaccesible.
El Smart TV, que sigue al iPhone en cuanto a costo, presenta un mapa casi idéntico al de este último; por ejemplo, en Tierra del Fuego se adquiere en 114 horas, y en La Rioja, en 321 horas. Nuevamente, el norte profundo y el NEA requieren el mayor esfuerzo, mientras que la Patagonia y CABA mantienen los valores más bajos. Esta constancia entre los mapas se explica por la estructura de los ingresos, que siguen un patrón coherente según el producto examinado.
Di Pace destaca que la brecha en horas de trabajo entre provincias responde a una combinación de factores estructurales, como diferencias salariales, costos logísticos por la distancia a los centros de producción, presión tributaria provincial y municipal, así como costos locales de energía, alquileres y mano de obra.
En general, las provincias que presentan salarios más altos y mercados más desarrollados son las que requieren menor cantidad de horas para acceder a determinados bienes, mientras que en las que tienen menores ingresos y mayores costos de transporte, el esfuerzo laboral suele ser mayor, según explicó el director de la consultora.
El estudio refleja que entre La Rioja y Tierra del Fuego existe una diferencia de 1.025 horas para adquirir el mismo teléfono, lo que representa más de un mes de trabajo dependiendo del lugar del país donde se reciba el salario.
La provincia no es el único variable que influye en el esfuerzo requerido. También juega un papel crucial el tipo de empleo. Los trabajadores informales suelen extender su jornada a 10 horas diarias durante 6 días a la semana, lo que resulta en 260 horas mensuales, comparado con las 173 del trabajador registrado. A pesar de laborar un 50% más de horas, por lo general, necesitan más tiempo para comprar los mismos bienes, lo que no es una paradoja, sino una consecuencia de recibir salarios más bajos por cada hora de trabajo.
Los números son elocuentes. En La Rioja, un trabajador formal necesita 895 horas para adquirir un iPhone; el informal, 1.342. Esto implica una diferencia de 447 horas, casi dos meses adicionales, para el mismo teléfono en la misma provincia. En Chaco, la brecha es de 397 horas: el trabajador formal necesita 796, mientras que el informal 1.193. Incluso en Tierra del Fuego, que es el mejor escenario del país, la disparidad persiste: 317 horas para el formal frente a 476 para el informal.
Así, el poder adquisitivo se mide en horas de trabajo necesarias para adquirir zapatillas, jeans, celulares y televisores en las 24 provincias, revelando que la informalidad es una cuestión que no solo implica la falta de derechos laborales, sino que se convierte en una trampa que obliga a dedicar más tiempo de vida para acceder a los mismos productos que otros, que con un esfuerzo físico similar, perciben remuneraciones más altas.
















