En un comunicado, la cámara detalló la magnitud del posible fraude, indicando que “de cada 40 millones de litros que se venden mensualmente, alrededor de 4 millones serían fraudulentos”. Estos datos se derivan de “análisis efectuados por empresas socias”.
CIARA identificó tres tipos de perjuicios para los consumidores, señalando en primer lugar una disminución en el volumen: “Envases con hasta 122 mililitros menos de lo que informa la etiqueta”. Además, expresó su preocupación por la discordancia entre la etiqueta y la composición real del producto: “Se comercializa como aceite de girasol puro, pero contiene mezclas con otros aceites”.
Como señal de advertencia sobre esta posible adulteración, la cámara mencionó un marcador químico: “El ácido linolénico, que no debería superar el 0,3% en el aceite de girasol, aparece hasta veintiséis veces en niveles más altos”. Este desvío se considera un indicativo de mezcla.
La entidad también emitió advertencias sobre posibles riesgos para la salud pública. En su comunicación, hizo mención de “una afirmación de ‘0% trans’ que resultó engañosa”, además de señalar la presencia de “un producto con olor a solvente, que actualmente está siendo evaluado”.
Con respecto a la regulación, CIARA hizo hincapié en que “el etiquetado debe reflejar el contenido auténtico del producto” y expresó su apoyo a “fortalecer los controles y mejorar la transparencia en toda la cadena”. Asimismo, solicitó “una respuesta coordinada y urgente de los organismos de control para salvaguardar a los consumidores y asegurar la integridad del sector aceitero argentino”.
La situación continúa en desarrollo.
















