Esta cifra se contrapone a la población argentina, que es de aproximadamente 46 millones, lo que indica que el número de fanáticos en Bangladesh supera al de la audiencia local. Esto ayuda a entender por qué en las calles de Dhaka predominaron las camisetas albicelestes y las banderas argentinas en el contexto futbolero.
Una de las escenas descritas tuvo lugar en el campus de la Universidad de Dhaka, donde miles de aficionados se reunieron en la madrugada frente a una pantalla gigante para celebrar el triplete de Messi durante el partido inaugural del Mundial contra Argelia.
El relato del comentarista subrayó un patrón de identificación que actúa como un sustituto de una selección nacional propia, dado que Bangladesh nunca ha clasificado a una Copa del Mundo. Esta situación llevó a sus aficionados a optar por una camiseta alternativa, siendo la mayoría de ellos hinchas de Argentina, y otros de Brasil.
La conexión se hizo evidente tanto en la calle como en el ritual de consumo: algunos hinchas, vistiendo la camiseta albiceleste y envueltos en la bandera argentina, pidieron selfies del autor al enterarse de que era argentino. “Eres lo más cerca que voy a estar de Messi”, expresó uno de ellos en el campus, según narra el comentarista.
Hasan Kabir, un estudiante de 22 años, compartió cómo esta preferencia se transmite de generación en generación. “Crecí escuchando historias sobre Maradona y luego me fascinó ver a Messi. Estuvimos muy felices de ganar el último Mundial”, comentó, refiriéndose al título argentino en 2022.
El análisis también posicionó al fútbol en el contexto de la identidad nacional de Bangladesh, que históricamente ha estado más ligada al cricket. Durante la guerra de independencia de 1971 contra Pakistán, el primer equipo de fútbol del país, el Shadhin Bangla Football Dal (Free Bengal Football Team), emprendió una gira por India para recaudar fondos y visibilizar su causa; en esa época, sus jugadores fueron reconocidos como héroes de la libertad.
Esta tradición de interpretar el fútbol en un contexto político sirvió como marco para entender el apoyo a la selección argentina. El comentarista argentino recordó que en su propia experiencia, el fútbol sirvió como una salida durante períodos de dictadura y crisis. Asimismo, señaló que Bangladesh ha sido sacudido por un régimen autoritario durante 15 años, y que los mismos estudiantes que siguieron el Mundial lideraron una revolución que destituyó a la autócrata Sheikh Hasina hace casi dos años.
Rajib Hasan identificó como un “momento de unión” el Mundial de 1986, cuando los bangladesíes vieron a Diego Maradona marcar contra Inglaterra, un hecho que tuvo lugar cuatro años después de la guerra de las Malvinas. El comentarista consideró que el gol conocido como “la Mano de Dios” convirtió a Maradona en “un héroe que el débil adora”.
Este fenómeno también ha sido abordado en el periodismo local. En un reciente artículo de opinión, la estudiante Ayesha Humayra Waresa escribió: “Para un pueblo acostumbrado a ver a los poderosos ignorar las reglas según les conviene, la audacia de Maradona se sintió como un milagro… más que un jugador, fue un héroe rebelde para una nación que aún cura sus cicatrices coloniales”. Además, afirmó que ese día “se hicieron hinchas argentinos” y que “no han dejado de serlo desde entonces”.
Actualmente, la crónica apuntó que los aficionados más jóvenes han hallado en Messi un eco de Maradona. Los describió como seguidores que han pintado murales de ambos en la capital y que consideran el presente como “la era Messi”, por la motivación y aspiraciones que el capitán ha inspirado.
















