En una entrevista publicada recientemente, Maldini detalló que Guardiola se convirtió en una de las principales opciones para dirigir a Italia después de que Carlo Ancelotti declinara la oferta. La elección del español se alineaba con el proyecto futbolístico que Maldini deseaba implementar, dado que lo consideraba el entrenador ideal para llevar adelante una propuesta caracterizada por un juego técnico y ofensivo.
Las conversaciones avanzaron rápidamente, con Maldini afirmando que Guardiola mostró interés a través de amigos en común para dirigir una selección, lo que llevó a una reunión en Barcelona. “Fuimos a visitarlo, almorzamos juntos y hablamos durante todo el día. Estaba muy tentado. Estuvo a punto de aceptar. Incluso empezó a escribir alineaciones en un papel”, relató Maldini.
El diálogo no se centró únicamente en el equipo mayor, sino que también abarcaron la estructura del fútbol italiano, revisando los planteles de las distintas categorías juveniles, comenzando por la Sub 17. Además, el exdefensor aclaró que las expectativas salariales de Guardiola no fueron un impedimento para cerrar el trato. El entrenador, según dijo, estaba dispuesto a aceptar un salario inferior al de su predecesor.
“El dinero nunca ha sido un problema. Pep nos lo dijo claramente: ‘Denme un euro menos de lo que ganaba el anterior entrenador y con eso me basta’”, aseguró. No obstante, el factor determinante para el no acuerdo fue otro. Maldini explicó que Guardiola enfrentaba un gran desgaste tras su extensa carrera en la Premier League y había sufrido una operación de espalda, lo que lo llevó a escoger el descanso en lugar de asumir un nuevo desafío inmediato.
“Guardiola viene de diez años agotadores en la Premier League. Le operaron de la espalda. Quiere descansar”, aclaró Maldini, enfatizando que las negociaciones fueron serias y que el español efectivamente consideró la posibilidad de hacerse cargo de Italia.
Con el frustrado arribo de Guardiola, Maldini tenía en mente a otro candidato: Andrea Pirlo. El exdefensor creía que su antiguo compañero tenía las cualidades necesarias para liderar la selección, a pesar de las dudas sobre su experiencia como entrenador. Además, Maldini desestimó las críticas vinculadas a los lazos de Pirlo con una empresa rusa de apuestas, señalando que esa situación fue utilizada como argumento para obstruir su designación, aunque no había un impedimento legal y el propio Pirlo estaba dispuesto a finalizar su relación con la empresa.
“Fue un pretexto”, afirmó Maldini, quien aseguró que Pirlo estaba “preparadísimo” para asumir el reto. La falta de progreso en este nombramiento acentuó las diferencias en la conducción del fútbol italiano. Según explicó, su proyecto buscaba una transformación más allá de la elección del entrenador de la selección mayor y necesitaba autonomía para poder tomar decisiones deportivas.
En su relato, esa confianza se quebró. “Presentamos nuestra dimisión porque ya no existían las condiciones de confianza necesarias”, enfatizó. Maldini defendió su posición frente a las disputas que desembocaron en su salida de la Federación, manifestando: “Si defender mi función y asumir mis responsabilidades significa ser intransigente, entonces soy intransigente.”














