Casares señala que, aunque se han dado algunos avances, la competencia enfrenta persistentes desafíos en su consolidación. “Se bajaron como seis equipos el año pasado, seis franquicias”, comenta sobre una reestructuración que ha dejado la liga con solo seis participantes. Si bien considera que este ajuste ha elevado el nivel de competencia, subraya la fragilidad estructural que aún persiste. “Creo que este año es el más competitivo, y eso es porque se achicaron las franquicias, pero lo que es estabilidad, en la liga no hay ninguna certeza”, insiste.
Desde la dirección de Miami Sharks, sin embargo, se pone énfasis en el panorama general de la liga. Milagros Cubelli, quien ocupó el cargo de CEO durante la fase final del proyecto, comenta que los problemas sobrepasaron a la franquicia. “Nos convertimos en el equipo con más ventas de sponsors, de merchandising y con los mejores financials de la liga”, sostiene. A pesar de estos logros, advierte sobre las “señales de decrecimiento” como la disminución de los derechos televisivos y la desaparición de otras franquicias. “Empezó a generarse incertidumbre sobre la sustentabilidad y la proyección de la liga a largo plazo”, resumió.
Dentro de este marco, la historia de Miami Sharks se presenta como un reflejo de la situación actual. Esta franquicia, que se estableció en 2023 con fuerte influencia argentina, capturó rápidamente el interés. Casares, de 27 años, estuvo presente desde el inicio y recuerda cómo se buscó construir una identidad desde el primer día. “Estaban armando una cultura sudamericana desde el arranque”, recuerda Casares, en referencia al trabajo liderado por José Cochi Pellicena, exentrenador de los Pumitas. “Creo que si el proyecto hubiese seguido, habría quedado muy bien”, añade.
Dicha identidad no era casualidad. Detrás de la organización había un grupo de inversores liderados por Marcos Galperín, fundador de Mercado Libre, junto a Alejandro MacFarlane y Ronaldo Strazzolini, entre otros. Cosa notable, no solo en la dirección había argentinos, sino también en el cuerpo técnico y en el plantel. “Muchos argentinos y también sudamericanos, que comparten esa pasión y ADN”, subraya Casares. La primera incorporación, apuntando a este perfil, fue Tomás Cubelli, un mediocampista de los Pumas en ese entonces.
Milagros Cubelli, que en 2025 fue reconocida como ejecutiva del año por el crecimiento comercial del equipo, destacó uno de los grandes retos: adaptar el rugby a la cultura deportiva y social de Miami sin perder la esencia sudamericana. “La idea nunca fue perder esa identidad, sino adaptarla a una ciudad multicultural y con una lógica de entretenimiento muy marcada”, explica. Esta estrategia, según indica, permitió colocar rápidamente a la franquicia en el ecosistema deportivo local, forjando vínculos con equipos como Dolphins, Marlins e incluso Inter Miami.
El rendimiento inicial de Miami Sharks fue notable considerando el contexto. “Fuimos el mejor récord de franquicias del primer año”, señala, a pesar de no haber logrado la clasificación a las semifinales de conferencia. En su primera temporada de 2024, el equipo cosechó seis victorias y 10 derrotas en 16 partidos. Casares aclara que el objetivo era más ambicioso. “La expectativa estaba en llegar a los playoffs de arranque. El equipo nos daba, pero después hay muchos factores que influyen”, explica. En la segunda temporada, lograron acceder a los playoffs, pero no fue suficiente para garantizar su continuidad.
El final del equipo dejó un aire de oportunidad no concretada. “Me hubiese encantado que siguiera”, reconoció Casares, quien destacó tanto el rendimiento deportivo como el contexto en el que se encontraba el equipo. Miami, con su fuerte presencia latina, se presentaba como un destino ideal para jugadores sudamericanos y como una vía para expandir el rugby en un nuevo mercado.
La llegada de Casares a Miami Sharks también tuvo matices fortuitos que ilustran la naturaleza emergente de la liga. Tras su salida de Boston, donde no tuvo minutos en un año y no recibió explicaciones formales, regresó a Argentina sin equipo. Meses después, durante una final de la MLR, se topó casualmente con Mariano Filippini, entonces CEO de Miami Sharks. “Éramos dos argentinos en el estadio y nos pusimos a hablar”, recuerda Casares. Sin conocer aún el rol de Filippini, discutieron sobre la competencia y la estructura de los equipos en EE.UU.
Posteriormente, Filippini contactó a Casares para profundizar esa conversación inicial y dar forma al proyecto desde sus cimientos. “Me llamó para preguntarme cómo estaba armado un equipo en la liga, cuántos entrenadores, analistas, cómo se organizaba todo”, dice Casares, que también tiene formación en Gestión Deportiva y un máster en Administración de Empresas.
La combinación de ser jugador y haber estudiado la temática le abrió a Casares las puertas del plantel que buscaba construir una identidad con marcada impronta sudamericana. “Para lo que era Miami, tener un doméstico que ya entendía las formas y la cultura era un beneficio”, explica su aporte como argentino nacionalizado estadounidense, que no ocupaba plaza de extranjero.
Casares sostiene que la problemática no residía solo en lo deportivo, sino en su estructura organizativa. “Había expectativas más altas de las que se deberían haber tenido”, afirma, y enfatiza que “por ahí era la parte más endeble”. Enumera los cambios clave que afectaron la continuidad del proyecto: “Mariano Filippini dejó de ser el CEO. Eso hizo que arranque medio de vuelta, porque cambiaron la filosofía y los modos”.
Además, cambios en el staff y decisiones logísticas impactaron en el día a día: “Cambiamos de predio, dejamos el de Inter Miami y fuimos a un lugar que no estaba tan bueno. Empezaron a haber cosas que decías: esto no mejoró”.
Durante la etapa inicial, el equipo entrenó en la misma instalación que Inter Miami, la franquicia de MLS que cuenta con Lionel Messi, lo que brindaba una singular representación del intento de incluir el rugby en un alto nivel competitivo. “Nos entrenábamos en la misma cancha que ellos. Lo cruzamos un par de veces, con su familia”, relata Casares, quien reconoce no haber querido incomodar a la estrella argentina. Este contraste entre la sólida estructura inicial y los cambios posteriores reflejó la inestabilidad inherente de un proyecto que comenzó con altos estándares.
La disolución de Miami Sharks fue abrupta. “Una videollamada sin mucha explicación”, resume Casares sobre cómo se anunció el final de la franquicia. “No hubo mucha ayuda”, añade, refiriéndose a la falta de apoyo en la reubicación laboral de los jugadores. La mayoría se encontró sin club de un día para otro, en un mercado limitado y con pocas opciones a corto plazo.















