Este lunes, Messi pasó gran parte del día disfrutando de mates y observando partidos de una copa infantil que apadrina en Miami, alejado de la lujosa gala donde fue protagonista en ocho ocasiones. En el Mundial celebrado en Canadá, México y Estados Unidos, fue el jugador más destacado. ¿Quién podría dudar de ello? Realizó esta hazaña al borde de cumplir 40 años, una etapa en la que muchos deportistas de elite ya se dedican a disfrutar de sus ahorros o a gestionar sus inversiones.
¿Se le puede reprochar no haber conseguido el título? Este argumento parece insuficiente. Argentina se quedó sin fuerzas tras la épica semifinal contra Inglaterra y vio desvanecerse su sueño de bicampeonato ante la formidable España dirigida por Luis de la Fuente. También se puede recordar lo sucedido en 2010, cuando Messi fue superado por Iniesta y Xavi, campeones en Sudáfrica. No es condición exclusiva el haber obtenido un título para considerarse el mejor.
Tampoco pudo consagrarse como goleador ni convertirse en el máximo artillero histórico de los Mundiales debido a la excepcional actuación de Kylian Mbappé, quien se destacó en el partido por el tercer puesto que Francia perdió ante Inglaterra. Finalmente, el inesperado ganador de la velada en el London Palladium Theatre fue el delantero británico Harry Kane. Destacarse en la cancha es un placer, y aunque es considerado un gran goleador, su capacidad para descender unos metros y aportar al juego lo convierte en un jugador cerebral y decisivo. Desde su llegada al Bayern Múnich ha dejado atrás la imagen de perdedor, pero a pesar de su brillo, Kane no es Messi y nunca lo será.
¿Por qué no le bastó a Messi para ser considerado el mejor? Sería una visión limitada no reconocer que la mayoría de los futbolistas más talentosos juegan en Europa, lo que lleva a los periodistas a favorecer esas ligas para sus votaciones. Un gol en la Premier League o en la Bundesliga parece tener más peso que en otros lugares, y esta lógica es comprensible. Sin embargo, lo que realiza Messi cada semana en la MLS, su elegida última etapa, es extraordinario.
Podría entenderse el desdén si Leo estuviera simplemente participando en partidos sin impacto en Norteamérica, pero su nivel de juego y a su constante contribución lo mantienen a una distancia considerable de sus rivales. A pesar de la carga emocional por la enfermedad de su padre, él sigue brillando en el Mundial, superando a jóvenes estrellas que deslumbran en Europa. Esa es la verdadera calidad y vigencia, razones suficientes para que Messi hubiera ganado su noveno Balón de Oro. Esto, sin embargo, parece importar poco para él. Lo claro es que muchos aún no han comprendido lo que Guardiola intentó transmitir.
















