Entre los jóvenes que actualmente rondan los 20 años, el 68,8% cumple con sus obligaciones de pago de deudas, de acuerdo con datos de una compañía especializada en información crediticia. Esto implica que más del 30% no logra cancelar sus compromisos dentro de los plazos establecidos. El nivel de cumplimiento resulta inferior al registrado entre generaciones anteriores.
En las primeras etapas de la vida laboral, el acceso al crédito suele estar orientado al consumo inmediato. Los incumplimientos, según el análisis, no necesariamente están vinculados con grandes volúmenes de deuda, sino también con pequeños descuidos y olvidos que pueden terminar afectando el historial crediticio.
El avance de las herramientas digitales amplió las posibilidades de acceder a distintas formas de financiamiento, pero también plantea la necesidad de incorporar hábitos financieros saludables. En ese contexto, la educación aparece como un elemento central para que los jóvenes puedan tomar decisiones sostenibles en el tiempo.
En paralelo, algunas iniciativas apuntan a brindar herramientas de educación financiera antes de que los jóvenes comiencen a utilizar productos crediticios o de inversión. Una de las propuestas ofrece formación gratuita sobre manejo del dinero, presupuesto y ahorro, además de contenidos vinculados con las primeras inversiones, la generación de rendimientos y la prevención de fraudes.
Sin embargo, el comportamiento de los jóvenes frente a las inversiones presenta algunas diferencias respecto del observado en materia de endeudamiento. Entre los adolescentes y jóvenes que acceden al mercado de capitales se registra interés por instrumentos de oferta pública y una búsqueda de alternativas de ahorro de mediano y largo plazo, en lugar de estrategias asociadas al trading o las apuestas.
Las cuentas de inversión destinadas a jóvenes de entre 13 y 17 años están contempladas por una normativa de la Comisión Nacional de Valores (CNV), que busca fomentar el ahorro y la educación financiera desde edades tempranas. La regulación permite que los agentes habilitados abran subcuentas para menores a partir de los 13 años junto con su representante legal. Al cumplir los 18 años, la titularidad plena pasa al joven.
La experiencia de las plataformas que ofrecen este tipo de cuentas muestra un aumento del interés. En una de ellas se abrieron alrededor de 4000 cuentas desde su lanzamiento, de las cuales el 67% registra actividad actualmente. Esto representa unos 2600 jóvenes que operan de manera regular, con una edad promedio de 16 años.
Los datos también muestran que, aunque la normativa permite comenzar a invertir desde los 13 años, la actividad se concentra con mayor intensidad hacia el final de la adolescencia.
Otra plataforma registra unas 5000 cuentas para menores y señala que uno de cada dos realizó transacciones durante el último trimestre. El dato es presentado como una señal de que el acceso a estas herramientas no se limita a la apertura de una cuenta, sino que existe un nivel concreto de utilización y gestión del capital.
La normativa permite a los menores invertir en bonos, acciones, Cedears, ETF y fondos comunes de inversión, lo que amplía las alternativas disponibles para comenzar a familiarizarse con distintos instrumentos financieros.
Dentro de esas opciones, los Cedears aparecen entre los activos más elegidos por los jóvenes, seguidos por las acciones y los títulos públicos. También tienen presencia los ETF vinculados a índices bursátiles internacionales y compañías tecnológicas de alcance global.
Entre las empresas extranjeras más elegidas aparecen grandes compañías tecnológicas y de consumo, mientras que entre las firmas argentinas se destacan YPF, Pampa Energía y BYMA. También se registra interés por instrumentos que permiten diversificar las inversiones, como los ETF vinculados al S&P 500 y al Nasdaq.
Uno de los instrumentos que concentra mayor interés es el que permite diversificar la inversión entre las 500 empresas más grandes de Estados Unidos. Los jóvenes que lo eligen, además, presentan una mayor frecuencia de operaciones y destinan montos superiores respecto de otros activos.
El interés por empresas y activos conocidos puede vincularse con la posibilidad de relacionar las inversiones con la economía real. Desde las plataformas que trabajan con este segmento destacan que los jóvenes que operan en el mercado de capitales reciben herramientas de educación financiera, se informan antes de tomar decisiones y buscan desarrollar estrategias de ahorro de manera planificada, bajo la supervisión de un adulto.
El panorama combina así dos realidades. Por un lado, persisten dificultades para comprender contratos, utilizar crédito y administrar deudas, incluso desde edades tempranas. Por otro, crece entre adolescentes y jóvenes el interés por conocer instrumentos de inversión y desarrollar hábitos de ahorro a largo plazo.
El desafío pasa por reducir esa brecha mediante conocimientos que permitan que el acceso temprano al sistema financiero no quede limitado al consumo o al endeudamiento, sino que también incluya la posibilidad de comprender y planificar las decisiones vinculadas con el ahorro y la inversión.
















