Cámaras de rastreo instaladas en el Parque Nacional Ansenuza, Córdoba, han captado imágenes de una hembra de aguará guazú que cuida de sus cuatro cachorros recién nacidos. El descubrimiento fue posible gracias al seguimiento de un collar que se le colocó en abril por la Administración de Parques Nacionales para monitorear su actividad. Este seguimiento, promovido por una organización ambiental y la Secretaría de Ambiente de Córdoba, permitió documentar momentos de las crías. Las cámaras, ubicadas en las áreas más frecuentadas por la madre, mostraron cómo traslada a sus pequeños entre diferentes refugios, un comportamiento que busca protegerlas de depredadores locales, como el gato montés, el pecarí de collar y el zorro gris. Aunque la madre debe abandonar a las crías varias veces al día en busca de alimento, se ha observado que el padre permanece a su lado, participando en el cuidado de los cachorros. Investigadores destacan que esta colaboración parental mejora las posibilidades de supervivencia de la especie. El seguimiento de esta hembra de aproximadamente tres años comenzó tras ser capturada de manera segura con jaulas trampa, donde se le realizaron controles sanitarios, se tomaron muestras y se le instaló el dispositivo de rastreo antes de ser devuelta a su hábitat. Estas labores permiten un análisis continuo de sus desplazamientos, áreas de alimentación y zonas de cría. La existencia del aguará guazú, considerado Monumento Natural en Córdoba, es un indicador de la calidad de los ecosistemas en los pastizales y bañados del centro y norte del país. Esta especie es la más grande de su grupo en Sudamérica, con un pelaje rojizo anaranjado, la garganta, el interior de las orejas y la punta de la cola en blanco, mientras que su hocico, la crin del cuello y la parte inferior de las patas son negros. Sus largas extremidades le facilitan el movimiento en suelos blandos e inundables, gracias a una estructura especial en las almohadillas. De hábitos nocturnos y crepusculares, puede recorrer hasta 30 kilómetros por noche en busca de alimento. Su dieta es omnívora e incluye cuises, otros pequeños roedores, frutas e insectos, así como aves, reptiles, anfibios y peces en menor proporción. Este animal presenta un andar especial, conocido como ambladura, avanzando con las patas del mismo lado simultáneamente. Generalmente vive en soledad o en parejas que pueden ocupar un área de entre 25 y 30 kilómetros cuadrados, la cual delimitan con marcas olfativas y vocalizaciones. Al nacer, las crías tienen una coloración oscura, casi negra, y requieren de un período de lactancia de entre tres y cuatro meses antes de comenzar a aprender técnicas de caza.
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