La falta de cohesión en la UCR no es una novedad, pero esta semana llegó a su paroxismo. Atravesado por la irrupción de Javier Milei en la escena política, el partido centenario no encuentra el eje y su dirigencia se despedaza en disquisiciones sin fin en torno a cómo posicionarse. Se dividen casi por igual entre los radicales libertarios y los opositores acérrimos al gobierno nacional. Una minoría casi inaudible transita por un territorio neutral que prioriza el fin de la guerra interna y pondera el debate de ideas.
La crisis es tal que conquistó casi todos los frentes del espacio: el legislativo, el partidario y el político-electoral. Por ahora, solo el de la gestión provincial permanece al margen de los desequilibrios. Los cinco gobernadores radicales todavía preservan la armonía en su territorio a través de un trabajoso equilibrio entre sus aliados y la Casa Rosada. Esta semana, no obstante, algunos de ellos rompieron el mutismo y salieron a defender a los conversos. Fue el caso de Alfredo Cornejo, de Mendoza, quien cuestionó el pedido de sanción de los rebeldes y cruzó al presidente del Comité Nacional, Martín Lousteau. “Si es por votar distinto al bloque, tenemos toda la historia de estos últimos meses: los diputados que responden a [Facundo] Manes y a Lousteau votaron en contra de lo que votó la mayoría en la Ley Bases y en el paquete fiscal, y no fueron suspendidos ni expulsados”, subrayó.
Lousteau y Gastón Manes, éste último presidente de la Convención Nacional -el órgano legislativo de la UCR-, retienen el control del partido así como de la militancia juvenil, presidida por Adriano Morone, un alfil del exgobernador jujeño, Gerardo Morales. En la otra orilla, los gobernadores manejan, aunque con mucha dificultad, los hilos en el Congreso y trabajan para retener el control del armado de listas para el próximo año.
De persistir la fractura expuesta que hoy exhibe la UCR en los tres principales frentes de cara a las elecciones de medio término, ¿cuáles son los escenarios que podrían presentarse?
Congreso
Cornejo y su par correntino, Gustavo Valdés, son los titiriteros de los bloques parlamentarios a nivel nacional. El primero a través del cordobés, Rodrigo de Loredo, líder del bloque en Diputados, y el segundo por medio del senador Eduardo Vischi (Corrientes), jefe de la UCR en la Cámara alta.
En Diputados las complejidades superan con creces a las del Senado y llegaron a un punto cúlmine esta semana. Tras la decisión de la cúpula del partido de suspender provisoriamente a los cuatro conversos que ayudaron a blindar el veto presidencial a la ley jubilatoria, De Loredo impuso su postura y no habrá castigos para los rebeldes, que no serán apartados del bloque. Pero esta decisión, lejos de amalgamar la bancada, profundizó el malestar interno.
La conducción del cordobés pende de un hilo, incapaz de cohesionar a su tropa. Los 33 miembros del bloque están fisurados en distintas tribus y, a pesar de que no se formalizó una ruptura, será difícil que convergan en una votación. Las reuniones de bancada quedaron atrás y es probable que se dinamiten los grupos de WhatsApp que los unía en una misma conversación: los 12 diputados de Manes y Lousteau desconfían de los cinco conversos y los acusan de ser “topos” del Gobierno.
De persistir la fractura, el bloque en la Cámara baja podría dividirse en dos: un espacio aliado a Milei de 21 diputados y otro opositor de 12.
En el Senado, los 13 integrantes de la UCR trataron de moderar sus diferencias tras el estallido en Diputados. Durante la última sesión, la bancada definió previamente votar amalgamados el rechazo del decreto presidencial que incrementó los gastos de la Secretaría de Inteligencia del Estado (SIDE). Vischi, un habitué de la Casa Rosada y con muy buen diálogo con el Gobierno, no le quedó alternativa que plegarse a la decisión de la mayoría.
Sin embargo, las diferencias son indisimulables y el espacio radical en la Cámara alta podría reducirse a 12 si las fisuras se profundizan. Lousteau, el principal referente del sector opositor al Gobierno, es uno de los candidatos a escindirse. Lo podría acompañar el fueguino Pablo Blanco, que si bien muestra un perfil más moderado, se rehusó a apoyar algunas de las iniciativas del oficialismo.
El armado electoral para 2025
El radicalismo se enfrenta el año que viene con un desafío. Pone en juego 24 de sus 33 bancas en Diputados, 4 de sus 13 senadores y, en el plano ejecutivo, a la provincia de Corrientes, hoy liderada por Valdés, jaqueado por el caso Loan, un niño de cinco años desaparecido hace más de tres meses.
Atravesado por las internas, el partido deberá definir cómo juega en aquellos territorios gobernados por el Partido Justicialista o sus mutaciones locales. En jurisdicciones como Córdoba, Neuquén y Santa Cruz, el radicalismo baraja una alianza con los libertarios para evitar dividir la oferta electoral no peronista y sortear con ello una rotunda derrota. Buscan sobrevivir.
En los cinco distritos donde gobierna la UCR, sus mandatarios provinciales hacen equilibrio entre sus alianzas locales y la Casa Rosada. El ajuste que impuso el gobierno libertario tensa el vínculo con los referentes del oficialismo, aunque los mantiene a raya frente a la dependencia de las partidas que gira el Tesoro Nacional, muchas de ellas discrecionales.
En Mendoza manda Cornejo, uno de los líderes radicales que exhibe mayor afinidad ideológica con el Gobierno, aunque no duda en criticarlo. Creó el “Grupo Malbec” con dirigentes radicales que acompañaron la candidatura presidencial de Patricia Bullrich en la interna de Juntos por el Cambio. Muchos de los legisladores que se referencian con el mendocino, como el propio De Loredo, podrían jugar en alianza electoral con el Gobierno.
Valdés es aliado de Cornejo dentro del partido y mantiene un buen vínculo con la Casa Rosada, a pesar de los chispazos por el caso Loan. Milei arrasó en su provincia y todavía mantiene altos índices de popularidad, por lo que podría buscar un acuerdo político que merme la injerencia de los libertarios a nivel local. El correntino, además, no puede reelegir y deberá construir un sucesor para retener el control de la provincia del norte.














