De acuerdo con el análisis de las cuentas provinciales, se trata del superávit primario más bajo para un primer semestre desde 2017 y del primer resultado financiero negativo desde 2019. El retroceso estuvo relacionado principalmente con la caída de los ingresos, más que con un incremento generalizado del gasto.
Los recursos de origen nacional disminuyeron un 3% en términos reales durante el semestre, mientras que la recaudación total cayó un 5%. Entre los tributos más afectados estuvieron los impuestos coparticipables, con una baja del 8% en el IVA. También se redujeron un 2% real los ingresos de origen provincial, aunque con diferencias importantes entre jurisdicciones.
Solo cinco provincias consiguieron aumentar sus recursos en términos reales respecto del mismo período del año anterior. Neuquén registró una suba del 8%, Río Negro del 5%, Chubut del 2%, mientras que San Juan y Mendoza avanzaron un 1% cada una. En el extremo contrario, Misiones tuvo una caída del 21% y La Rioja del 13%.
Otro factor que incidió sobre las cuentas provinciales fue la reducción del 17% en las transferencias corrientes de la Nación. En contrapartida, los ingresos por contribuciones a la Seguridad Social crecieron un 4% y las regalías aumentaron un 20% en las jurisdicciones que reciben esos recursos.
Por el lado de las erogaciones, el gasto en personal y jubilaciones aumentó un 1% real en ambos casos, mientras que las partidas destinadas a obra pública se redujeron un 4%. La evolución del gasto total fue dispar: diez jurisdicciones incrementaron sus erogaciones y otras trece las disminuyeron. En el mismo período, el Estado nacional redujo su gasto total un 2%.
En el consolidado de las 23 jurisdicciones consideradas en el análisis, el gasto primario cayó un 0,6% real interanual. Sin embargo, el incremento del 24% en los intereses de deuda compensó buena parte de esa reducción y limitó la baja del gasto total al 0,2%.
Los intereses representaron durante el semestre una erogación equivalente al 0,13% del PBI. La provincia de Buenos Aires concentró cerca del 80% del incremento registrado en ese concepto. Además, entre 2025 y 2026, siete jurisdicciones emitieron deuda en los mercados internacionales por un monto cercano a los 5.500 millones de dólares: la Ciudad de Buenos Aires, Córdoba, Santa Fe, Chubut, Entre Ríos, Neuquén y San Juan.
El déficit financiero se concentró exclusivamente en Buenos Aires y Santa Fe. La primera registró un rojo de 0,9 billones de pesos, mientras que la segunda alcanzó los 0,8 billones. En conjunto, ambas acumularon un déficit de 1,7 billones de pesos, frente a un resultado negativo consolidado de 80.000 millones. Las restantes jurisdicciones sumaron un superávit de 1,6 billones de pesos.
Pese al deterioro del resultado primario general frente a 2025, aumentó la cantidad de provincias con superávit, que pasó de 13 a 17. Esto refleja que la reducción del saldo conjunto estuvo concentrada en un grupo limitado de jurisdicciones.
Santa Fe y la Ciudad de Buenos Aires explicaron buena parte de esa variación. En ambos casos, el deterioro real fue superior al registrado en el consolidado. También se observaron retrocesos en Córdoba, Santa Cruz y Tucumán.
En Santa Fe, el déficit primario pasó de representar el 1,3% al 11,3% de los ingresos. Durante ese período, el gasto creció un 9,7% real y las erogaciones en personal aumentaron un 11,3%. La Ciudad de Buenos Aires, en cambio, mantuvo un resultado primario positivo, aunque su superávit se redujo del 15,5% al 8,9% de los ingresos. Entre los factores que incidieron estuvo la caída real del 54,4% en las transferencias nacionales, luego de la normalización de los envíos extraordinarios registrados en 2025.
Entre las jurisdicciones que mostraron mejoras reales más pronunciadas se encontraron Buenos Aires, Chaco, Neuquén y Entre Ríos. No obstante, la provincia de Buenos Aires continuó registrando déficit primario.
La situación fiscal también presenta diferencias cuando se consideran otros indicadores, como la autonomía de los ingresos, el nivel de endeudamiento y la composición del gasto. Para evaluar estas variables se utilizó una metodología que asigna un 10% de ponderación a la autonomía de los recursos, un 50% al resultado primario en relación con el Producto Bruto Geográfico (PBG), otro 10% a la deuda respecto de los ingresos totales y un 30% a la calidad del gasto.
San Luis encabezó la clasificación bajo esos criterios. Si bien apenas el 19% de sus recursos son propios, registró un superávit fiscal equivalente al 1,2% de su PBG en el último año móvil, no tiene deuda y presenta indicadores favorables en la composición de sus erogaciones.
Formosa ocupó el segundo lugar. Es la provincia con menor autonomía financiera, ya que solo el 6% de sus ingresos provienen de recursos propios. Sin embargo, cuenta con un superávit primario del 1,5% de su PBG y prácticamente no registra endeudamiento.
La Ciudad de Buenos Aires quedó en la tercera posición. Se trata de la jurisdicción con mayor autonomía de recursos, con un 75% de ingresos propios, y también presenta los mejores indicadores de calidad del gasto.
La provincia de Buenos Aires, en tanto, se ubicó en el puesto 16. Aunque el 41% de sus ingresos son propios, lo que la convierte en la tercera jurisdicción con mayor autonomía, registra un endeudamiento equivalente al 46% de sus ingresos y mantiene un déficit primario persistente. Su nivel de deuda es el segundo más elevado del país, detrás de Chubut.
Chaco mostró una mejora en sus indicadores y avanzó seis posiciones en el componente vinculado al resultado fiscal. Con un superávit equivalente al 1,3% de su PBG, se ubicó entre las jurisdicciones con mejores resultados en esa variable y alcanzó el noveno puesto en la clasificación general.
En el otro extremo quedó Tierra del Fuego, que registró el resultado primario más desfavorable, con un déficit equivalente al 3,4% de su PBG.
Las estimaciones para el cierre de 2026 anticipan que las provincias podrían registrar un déficit primario del 0,1% del PBI y un resultado financiero negativo del 0,5%. De concretarse, sería el segundo año consecutivo con déficit financiero, luego del rojo equivalente al 0,3% del PBI registrado en 2025.
Los primeros indicadores de la segunda mitad del año muestran comportamientos diferentes entre las fuentes de ingresos. Las transferencias automáticas de origen nacional comenzaron a recuperarse, con un crecimiento real del 3,8% interanual entre julio y septiembre. Sin embargo, la recaudación propia continuó en retroceso.
En las 19 jurisdicciones que contaban con información hasta septiembre, los ingresos tributarios propios cayeron un 8,4% real interanual durante ese trimestre. Las bajas más pronunciadas se registraron en Córdoba, donde Ingresos Brutos disminuyó un 12,6%, y en la Ciudad de Buenos Aires, con una caída del 10,7%.
Para los últimos meses del año también se espera una mayor presión sobre las cuentas públicas por cuestiones estacionales. El pago de aguinaldos y la concentración habitual de gastos hacia el cierre del ejercicio podrían revertir el superávit primario acumulado durante el primer semestre, aunque las proyecciones no contemplan una aceleración significativa del gasto real para el conjunto de 2026.
A ese escenario se sumaría el peso creciente de los intereses de deuda, que continuarían condicionando el resultado financiero de las provincias.













