“Defiendo la igualdad haciendo el trabajo como un hombre. Soy la única mujer donde hay de 50 a 100 hombres, lo demuestro cada día”, señaló Kiki mientras compartía su experiencia laboral en las obras. Recordó que al inicio de su carrera encontró dificultades para conseguir trabajo debido a su condición de mujer y su juventud: cuando comenzó, contaba con apenas 23 años y muchos no estaban dispuestos a ofrecerle una oportunidad.
Con el tiempo, su situación ha mejorado, aunque aún se encuentra con actitudes machistas. “Me ha pasado de llegar a alguna obra y que haya algún jefe de obra un poco machista que te hace la vida imposible. No quieren a mujeres en una obra y no entiendo el por qué. Me parece un poco absurdo”, comentó.
Kiki observó que actualmente hay más mujeres en áreas relacionadas con la construcción, aunque son todavía pocas las que trabajan directamente en las obras.
Decidió aprender el oficio sin tener antecedentes familiares en albañilería. “Quería aprender como fuera y me dieron la oportunidad de entrar en una escuela donde estuve dos años para ser oficial de construcción”, recordó. Además de definirse como albañila, se ha especializado en tareas como alicatado y soldadura.
La exigencia del trabajo hizo que la vocación fuera clave para mantener su trayectoria profesional durante estos años.
“Yo pienso que, si no fuese por vocación, con lo duro que es este trabajo, no seguiría. Hay días que llego a mi casa y no tengo ni ganas de hablar después de armar una cocina”, confesó. Sin embargo, enfatizó que disfruta de su labor y que una de sus mayores satisfacciones es ver el resultado final y la reacción de sus clientes.














