Durante julio, tanto la industria como la construcción registraron una caída del 5% en términos mensuales e interanuales. Los primeros datos correspondientes a agosto tampoco muestran una recuperación: la producción automotriz descendió 12%, mientras que los despachos de cemento retrocedieron 8,1%.
Un análisis sectorial identificó cinco factores principales detrás del escenario actual: el costo del financiamiento, la evolución de los costos industriales, la debilidad de la demanda, el aumento de la morosidad y las dificultades asociadas al suministro y precio de la energía.
El resultado es un escenario en el que las empresas deben afrontar una combinación de menores ventas y mayores costos, con dificultades para trasladar esos incrementos a los precios. A esto se suma el encarecimiento del financiamiento, que impacta especialmente sobre la cadena de pagos.
Las tasas de interés aparecen como uno de los principales problemas. El endurecimiento de las condiciones monetarias aplicado para contener la presión sobre el dólar elevó el costo del crédito para las empresas. Si bien durante 2026 comenzaron a observarse descensos, las tasas continúan, en términos generales, en niveles elevados y con rendimientos reales superiores a la inflación.
El impacto es particularmente fuerte entre las pequeñas y medianas industrias, que recurren habitualmente a adelantos bancarios y al descuento de cheques para financiar el capital de trabajo. En ese segmento ya se observan señales de tensión en la cadena de pagos.
Los costos constituyen otro de los puntos de presión. En julio, los precios industriales aumentaron 1,7%, por debajo de la inflación general, que fue del 2,1%, y de la suba del 3,1% registrada en los servicios. Esta diferencia reduce el margen disponible para que las fábricas absorban nuevos aumentos de sus costos sin trasladarlos a los precios.
La demanda interna también muestra un deterioro significativo. El impacto es especialmente visible en los bienes de capital: la producción de maquinaria y otros equipos se ubicó 47,6% por debajo del nivel de julio de 2022. El escenario combina consumidores más selectivos con menores niveles de inversión y una demanda que permanece deprimida.
Ante esta situación, algunas empresas comenzaron a adoptar medidas defensivas, entre ellas la reducción de turnos, la liquidación de stocks, el aplazamiento de inversiones y la priorización del mantenimiento de los equipos. La mayor presencia de productos importados agrega, además, presión sobre los fabricantes locales.
La morosidad es otro de los problemas que ganó peso. La proporción de empresas industriales con deudas en situación irregular pasó del 0,7% al 3,8% en los últimos 18 meses, lo que representa una multiplicación por cinco.
Un relevamiento sectorial estimó que el problema alcanza al 12% de las empresas industriales con deudas bancarias, unas 4.300 compañías. En junio, el monto de deuda irregular llegó a $968.000 millones, sobre un total de créditos al sector de $25 billones. El promedio de deuda impaga por empresa fue de $228 millones, aunque los montos presentan una fuerte dispersión: dos tercios de las compañías registran obligaciones de hasta $10 millones.
Las dificultades no se limitan al sistema financiero. El 47% de las empresas industriales declaró haber demorado al menos uno de sus principales pagos. Los mayores niveles de atraso corresponden a impuestos, con un 34%; proveedores, con un 32%; y compromisos financieros, con un 25%.
El último factor señalado está relacionado con la energía. Las restricciones en la disponibilidad de gas y los elevados precios afectan especialmente a las actividades que requieren un alto consumo energético, entre ellas las industrias de arcilla y cerámica.
Con este escenario, una de las proyecciones estima que el año podría terminar con el cierre de unas 1.800 empresas industriales y la pérdida de alrededor de 100.000 puestos de trabajo en el sector.
De todos modos, otras estimaciones advierten que los datos de julio podrían presentar cierta volatilidad y recomiendan observar la evolución de agosto antes de establecer una tendencia definitiva. Como antecedente, durante los primeros meses del año el índice industrial había caído 3,3% para luego registrar una recuperación del 3,9%. Por ese motivo, los datos de agosto serán relevantes para evaluar el comportamiento conjunto del segundo bimestre.
















