El aumento de las tasas internacionales eleva el rendimiento que Argentina debería ofrecer para volver a financiarse en dólares. Las estimaciones privadas ubican ese costo en torno al 9,2% para una eventual emisión de deuda argentina a 10 años, a partir de la combinación entre la tasa de referencia estadounidense y el riesgo país.
El contexto externo también está marcado por dificultades fiscales, inflación, desempleo y niveles elevados de endeudamiento en distintas economías. Estados Unidos enfrenta un incremento del costo de su deuda, mientras que varios países europeos atraviesan problemas fiscales y de empleo. Brasil, por su parte, registra un elevado nivel de morosidad.
El escenario internacional agrega presión a una economía argentina que atraviesa un segundo semestre más complejo. La abundante oferta de dólares que permitió sostener la estabilidad cambiaria y acumular más de USD 13.000 millones en reservas durante la primera parte del año habría perdido intensidad, mientras que la actividad económica continúa mostrando señales de debilidad.
En el frente cambiario, el Gobierno mantiene el dólar en torno a un techo de $1.500. Ese nivel se encuentra aproximadamente 25% por debajo del límite superior de la banda cambiaria, mientras que el tipo de cambio real acumula una apreciación cercana al 10% en lo que va del año. Una cotización más elevada podría generar presión sobre los precios, aunque también permitiría una política monetaria menos restrictiva, una mayor acumulación de reservas y mejores condiciones para algunos sectores de la economía.
Los datos de actividad muestran un panorama mixto. La economía registró una mejora del 0,8% en junio, pero el segundo trimestre terminó con una contracción del 0,9% del PBI. Los primeros indicadores de julio tampoco muestran una recuperación significativa. Al mismo tiempo, el empleo formal privado acumula 12 meses consecutivos de caída.
En este contexto, el riesgo país superó los 500 puntos básicos y llegó a ubicarse en torno a los 530 puntos. El deterioro comenzó a estar vinculado tanto con las señales de debilidad de la actividad como con la incertidumbre política y electoral de cara a 2027. La suba del costo de financiamiento representa un desafío para el Gobierno, que necesita conseguir alrededor de USD 10.000 millones antes de las elecciones para afrontar sus obligaciones financieras.
El Banco Central redujo el ritmo de acumulación de reservas, mientras que las tasas de interés superaron el 2,2% mensual como parte de la estrategia destinada a contener la inflación y sostener el tipo de cambio. Al mismo tiempo, la inflación de agosto se ubicó en 1,8%, mientras que los salarios mostraron una evolución similar.
Las perspectivas sobre la actividad para el segundo semestre son moderadas. El escenario actual combina una macroeconomía considerada más sólida con una situación todavía débil en la economía cotidiana, particularmente en materia de empleo e ingresos. Bajo este panorama, las expectativas apuntan a una recuperación moderada de la actividad y una mejora de los ingresos durante la segunda mitad del año.
La política cambiaria también impactó sobre las tasas de interés. A fines de julio, el Gobierno reforzó la señal de que buscaba evitar que el dólar superara los $1.500. En esa oportunidad, el Banco Central no compró divisas después de 135 jornadas consecutivas con saldos positivos, mientras que el Tesoro vendió cerca de USD 150 millones en el Mercado Libre de Cambios.
La defensa de ese nivel cambiario generó un aumento de las tasas en pesos. El mercado comenzó a evaluar el costo de sostener el techo de $1.500 frente a alternativas como permitir una mayor depreciación del peso. El movimiento también se reflejó en los bonos soberanos en moneda local y en un incremento superior a 100 puntos básicos del riesgo país.
La situación del empleo formal privado constituye otro de los factores de preocupación. La sucesión de caídas mensuales se suma a una morosidad que alcanza a unos 5,9 millones de personas, lo que limita el margen para mantener durante períodos prolongados tasas elevadas.
En el mercado cambiario también se observa una reducción de la posición corta del Banco Central en contratos de futuros. A fines de julio, esa posición se ubicaba en USD 485 millones, después de haber alcanzado un máximo de USD 6.800 millones a fines de septiembre, antes de las elecciones y en un contexto de elevada demanda de cobertura cambiaria.
Desde mayo, una parte importante de esa demanda fue atendida por el Tesoro mediante la colocación de títulos vinculados al dólar. De esta manera, el Banco Central conserva margen para intervenir en el mercado de futuros, donde tiene establecido un límite máximo de USD 9.000 millones para su posición corta.
En paralelo, los rendimientos de los bonos del Tesoro estadounidense a 30 años alcanzaron su nivel más alto desde 2007, en un contexto de mayores dudas sobre la sostenibilidad del endeudamiento de Estados Unidos. El movimiento afecta las valuaciones de la deuda de los mercados emergentes y se suma, en el caso argentino, a la incertidumbre vinculada con las elecciones de 2027.
El mercado también mantiene la atención sobre el próximo vencimiento de una letra vinculada al dólar, cuyo tipo de cambio será determinado tras la conversión y el canje con el Banco Central. El stock involucrado alcanza los USD 2.595 millones y podría generar una mayor demanda de cobertura tanto mediante operaciones de rolleo como en el mercado spot.
En los mercados internacionales, los principales índices de Wall Street mostraban un comportamiento neutro, mientras que las bolsas europeas comenzaban la jornada con avances. El petróleo operaba sin una tendencia definida, el oro registraba una leve suba y el dólar se fortalecía. El Bitcoin, en tanto, buscaba superar los USD 78.000.
La evolución de las tasas de los bonos del Tesoro estadounidense será uno de los factores que seguirá condicionando el comportamiento de los títulos soberanos argentinos. De ese movimiento dependerá, en parte, la continuidad de la recuperación que los bonos locales habían iniciado el viernes.
















