Este arancel se establece tras una investigación que acusó al país sudamericano de mantener “prácticas comerciales desleales”. Como era de esperarse, esta acción provocó el rechazo del presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, quien se opuso firmemente a esta medida y anunció la intención de activar una ley de reciprocidad comercial como respuesta.
Sin embargo, en una atmósfera de tensión, Brasil moderó su postura el martes, enfocándose en la posibilidad de entablar negociaciones con Trump. El vicepresidente, Geraldo Alckmin, comentó: “La idea no es retaliar. (En un) ojo por ojo, lo que puede pasar es que ambos terminen ciegos” durante una conferencia de prensa.
El vicepresidente brasileño remarcó que “siempre habrá negociación en lo que dependa de Brasil”. Esta nueva posición del gobierno parece estar influenciada por críticas que emergen de sectores afectados por los aranceles, como los fabricantes de calzado y maquinaria, quienes se opusieron a la activación de la ley de reciprocidad reciente aprobada por el Congreso.
Alckmin calificó la medida como “injusta y completamente descabellada”, aludiendo al superávit que Brasil tiene en su balanza comercial respecto a Estados Unidos. Adicionalmente, el país sudamericano se encuentra entre aquellos que podrían enfrentar aranceles del 12,5% por no prohibir la importación de bienes vinculados al trabajo forzado, conforme a lo señalado por el gobierno estadounidense.
Este nuevo impuesto se enmarca en una estrategia renovada de Trump, quien está resurgiendo como defensor del uso de aranceles como instrumento de presión, lo que genera inquietudes sobre represalias y un incremento en las tensiones comerciales a nivel internacional.
Valentina Sader, analista del centro de estudios Atlantic Council, sugiere que “Washington podría estar empleando a Brasil como un caso ejemplar para comunicar sus prioridades y su estilo de negociación”. Aunque la Corte Suprema de Estados Unidos anuló varios aranceles impuestos por Trump en febrero, Washington ha continuado avanzando en su agenda comercial, invocando otras autoridades. La afirmación de que los aranceles se deben a la falta de negociación de Lula refuerza la idea de que esta medida no solo apunta a las prácticas comerciales de Brasil, sino que también posee un trasfondo político en contra del propio Lula.
Es relevante considerar el contexto de esta tensión comercial: solo faltan tres meses para las elecciones presidenciales en Brasil, y los aranceles se posicionan como un tema crucial en la campaña que enfrenta a Lula con el senador Flávio Bolsonaro, hijo del expresidente Jair Bolsonaro.
La Cámara de Comercio Americana en Brasil alertó que la medida impuesta por Estados Unidos afecta a más de 11.000 millones de dólares en exportaciones.
Asimismo, en el marco de su propio calendario electoral, Trump anunció el martes la imposición de nuevos aranceles del 100% sobre medicamentos genéricos importados, que comenzarán a ser aplicados a partir de agosto de 2028, con una tasa que aumentará al 200% en 2029. Sin embargo, se anticipa una ofensiva más amplia, ya que en junio se propusieron aranceles entre el 10% y el 12,5% dirigidos a 60 socios comerciales por supuestos incumplimientos en la lucha contra el trabajo forzado.
















