Este análisis fue proporcionado por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec), que también destacó que en junio una familia tipo, conformada por cuatro miembros, necesitó $1.531.473 para no caer en la pobreza, mientras que para no ser considerado indigente, se requería $689.853.
Además, el organismo informó que un adulto en el mismo periodo necesitó $495.622 para no estar por debajo de la línea de pobreza y $223.253 para no ser indigente.
El Indec señaló que, en el primer semestre, ambas canastas tuvieron un aumento del 17%, ligeramente por encima del 16,8% de inflación acumulada en ese lapso. Por su parte, en la comparación interanual, ambas canastas mostraron incrementos superiores a la inflación: la canasta total se encareció 35,7%, mientras que la alimentaria aumentó un 36,3% respecto a un IPC de 33,5%.
Jorge Colina, director del Instituto para el Desarrollo Social Argentino (Idesa), observó que la canasta básica total (CBT) concluyó el primer semestre con un crecimiento promedio mensual de 2,6%. Además, señaló que el salario informal ha sido incrementado a más del 4% mensual, lo que, en su opinión, podría generar una disminución de la pobreza en este período, aunque no tan significativa como en meses anteriores. “La discrepancia del salario informal respecto a la CBT es ahora de dos puntos porcentuales mensuales, y la pobreza podría situarse entre el 25% y 26%”, pronosticó el especialista.
Agustín Salvia, director del Observatorio de la Deuda Social Argentina en la Universidad Católica Argentina (UCA), consideró que, pese a que la inflación está disminuyendo de a poco, la canasta total no refleja los crecientes costos de tarifas y servicios, lo cual contribuye a que la pobreza estadística se mantenga o incluso mire hacia un aumento. “Los datos oficiales son engañosos porque la canasta no incluye todos los gastos reales, y la pobreza no está disminuyendo, debería estar en torno al 30% o más, pese a cierta recuperación en sectores dinámicos”, enfatizó.
Por su parte, Mateo Borenstein, economista de una consultora, observó que el aumento del 1,3% en la canasta alimentaria se alinea con el aumento de precios de alimentos dentro del IPC. “La canasta alimentaria ha perdido valor real, mientras que la canasta básica ha tenido un ligero aumento. Si la inflación sigue en descenso, podríamos ver una caída de ambas canastas en términos reales en los próximos meses”, destacó.
Tomás Amerio, economista en la Fundación Libertad y Progreso, sostuvo que el dato de junio indica un cambio en la dinámica de precios de las canastas. “Los alimentos ya no son el principal factor de aumento, lo cual es relevante dada su sensibilidad y el peso que tienen en el presupuesto. Por tercera vez en el año, la CBT ha crecido más que la CBA, y la brecha interanual entre ellas se ha reducido de casi 6 puntos porcentuales a tan solo 0,6”, explicó.
Amerio también señaló que es importante observar cómo el foco inflacionario se está desplazando hacia componentes más rígidos y menos sensibles a la política inflacionaria, como los servicios, el transporte y los alquileres. “Con cifras interanuales todavía cerca del 36%, el debate sobre pobreza e indigencia actualmente se centra en la necesidad de ajustar los ingresos”, concluyó.
El Indec determina la CBA considerando los requerimientos nutricionales esenciales para un varón adulto de entre 30 y 60 años con actividad moderada, evaluando sus necesidades durante un mes. “Los alimentos y sus cantidades se seleccionan según los hábitos de consumo de la población de acuerdo con la Encuesta Nacional de Gastos de los Hogares (Engho)”, aclaró el organismo.
Para calcular la CBT, el Indec amplia la CBA incorporando bienes y servicios no alimentarios. “Este cálculo se realiza aplicando el coeficiente de Engel, que mide la relación entre los gastos alimentarios y el total de gastos observados en la población de referencia”, se indicó.
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