Maiorana recibió saludos de los miembros del Gabinete y, al finalizar la ceremonia, fue abrazada por el presidente Javier Milei, quien al reconocerla exclamó: “¡Qué hacés!”.
La empresaria llegó a la Casa Rosada mientras aún era de día y permaneció allí hasta la noche, coincidiendo con el ingreso de su esposo como ministro del Interior saliente y su posterior juramento como jefe de Gabinete.
Vestida con un saco blanco sobre un conjunto negro, Maiorana se tomó unos momentos para hablar con la prensa mientras su marido interactuaba con los invitados. “Estoy feliz, súper feliz, me encanta estar con la gente, lo mismo de toda la vida”, manifestó tras la ceremonia de jura.
Al referirse a la reciente promoción de su pareja en el nuevo gobierno, aclaró: “Era algo que ya se estaba hablando y obviamente Diego inmediatamente me dijo: ‘Mirá que se viene esto nuevo y vamos por más’. Y yo dije: ‘Bueno, acá estamos’”.
Además, destacó la importancia de la relación de Santilli con los gobernadores, quienes se fotografiaron con él durante el evento. Consideró que estos lazos son esenciales para que en Argentina se logre una alineación de los diversos espacios políticos.
Maiorana prefirió no especular sobre las aspiraciones políticas futuras de su esposo. “Pensaría en el hoy”, dijo al ser consultada sobre si se imagina como “primera dama” de la provincia de Buenos Aires, dado el interés de Santilli en la gobernación. “No soy un número”, enfatizó.
En cuanto a su rol actual, expresó: “La intención de Diego es representarnos a todos acá, a cada provincia, a todos ustedes; y la verdad que yo soy una mujer que va mucho para adelante, soy un motor que no para, lo dejo con las orejas así [a Santilli]; creo que él tiene que pisar con los pies sobre la tierra”.
Sobre los amuletos que la acompañaron en esta jornada, respondió: “No tengo cábalas; siempre estar con la familia, eso sí”.
Finalmente, antes de retirarse, fue consultada sobre el saludo de Santilli con el jefe de Gabinete saliente, Manuel Adorni, en medio de un escándalo por presunto enriquecimiento ilícito. “¡Ay, ni lo miré!”, fue su respuesta.















