La polémica estalló en las redes sociales, se multiplicó en medios de comunicación y derivó en un aluvión de memes. Un supuesto permiso del Ministerio de Defensa para que los militares trabajaran como choferes de plataformas digitales y como repartidores de delivery o en otras actividades privadas fue presentado por algunos sectores como una muestra extrema de la crisis salarial que atraviesan las Fuerzas Armadas.
La discusión llegó a tal punto que la cuenta oficial del Gobierno en X, “Respuesta Oficial”, salió a desmentir versiones que circulaban sobre una supuesta autorización especial para que el personal militar pudiera desempeñarse en plataformas digitales.
Sin embargo, detrás del ruido mediático -efectivamente, no habría ningún permiso oficial ni referencia a ello por parte del ministro Carlos Presti- aparece una realidad bastante más compleja y menos novedosa: en rigor, fuentes militares y del propio Ministerio de Defensa coinciden en que no existe ninguna norma reciente que habilite algo que ya estaba permitido: el personal de las Fuerzas Armadas puede desarrollar actividades privadas lícitas fuera de su horario de servicio, siempre que informe formalmente esa situación a la institución.
“Lo único que tienen que hacer es no perjudicar las actividades del servicio, después cada uno puede emplear su tiempo libre como considere”, explicó una fuente con amplio conocimiento de la normativa interna.
En la polémica se metió El ex jefe del Ejército durante el kirchnerismo, César Milani. El militar sostuvo que la polémica por la supuesta autorización para que los militares tengan un segundo empleo es apenas una “consecuencia de la crisis que atraviesa el personal de las Fuerzas Armadas.” Afirmó también que aunque exista o no una resolución formal, muchos efectivos ya se ven “obligados a buscar trabajos adicionales porque los salarios no alcanzan para sostener a sus familias”. También denunció recortes en las prestaciones de la obra social militar -la crisis en la obra social sigue sin resolverse y es de enorme gravedad- y cuestionó que el Gobierno priorice ejercicios conjuntos (se multiplicaron con Estados Unidos) y anuncios de compra de armamento mientras, según dijo, descuida las condiciones de vida del personal. “Están destruyendo las bases de la Defensa Nacional, que no son los aviones, los tanques o los buques, sino los hombres que integran las Fuerzas Armadas”, afirmó.
Aunque efectivamente no hay una normativa de las autoridades que promuevan compensar el deterioro salarial con un segundo trabajo ni tampoco que lo prohíba, en las redes pulula fotos de los aviones caza supersónicos F16, de Estados Unidos comprados a Dinamarca pintados de fucsia y con la leyenda de “Pedidos ya”. O los altos mando de Defensa manejando un Uber o un Cabify. El ministro de Defensa es el más difundido con una bicicleta y la carga del delivery. El meme puede resultar ofensivo para el teniente general, pero es lo que el humor en redes genera con inteligencia artificial, enraizado en el enojo popular con cualquier político. Otras fotos muestran una suerte de desfile militar para el 9 de julio -que este año, curiosamente, no se- en el que aparecen militares en bicicleta llevando comida.
Más allá de la controversia, fuentes informales afirmaron que alrededor del 78% del personal tendría algún tipo de trabajo adicional, changa o actividad económica paralela. Entre los oficiales y suboficiales que están trabajando en otras actividades complementarias a su función de militar, también hacen de Uber o Rappi. Algunos son albañiles, electricistas, mecánicos de autos.
Casos sobran. Sus nombres y apellidos no se brindan. Por ejemplo un suboficial subalterno destinado en la ESESC (Campo de Mayo) realiza trabajos en Uber todos los días a partir de las 19 horas, incluye sábados y domingos; a eso le agrega trabajos particulares de plomería, electricidad, albañilería. Otro, Suboficial Superior del grado de Sargento Primero destinado en la ESESC trabaja en venta de celulares, tablet, PC y artículos de computación. Lo hace sin horarios, incluso por pedido, entregando en su lugar de trabajo. Otro, Suboficial Superior del grado de Suboficial Mayor destinado en la ESESC trabaja vendiendo uniformes militares traídos de Bolivia. Incluye productos de belleza NATURA. Entrega en lugar de trabajo.
En la provincia de Córdoba, hay suboficiales que venden comidas caseras, oficiales que comercializan vinos, personal que trabaja como conductor de aplicaciones de transporte y otros que desarrollan emprendimientos familiares para reforzar ingresos.
Una esposa de un oficial superior relató a este diario escenas que hasta hace pocos años eran impensadas dentro del mundo militar.
“Conozco suboficiales que venden empanadas y pizzas. En Córdoba, en una parroquia, buscaban bolsones de alimentos porque les daba vergüenza que los vieran. En mi facultad hay un comodoro que vende yerba y miel”, contó.
La misma fuente describió además las dificultades que atraviesan muchos afiliados al Instituto de Obra Social de las Fuerzas Armadas y de Seguridad (IOSFA).
“Tenemos un amigo ciego que tiene que atenderse en el Hospital Santa Lucía porque ya no consigue prestaciones por IOSFA. A otro que fue trasplantado de médula los compañeros le hacen colectas”, señaló.
Un estudio efectuado por el asesor de Diputados y miembro de la comisión de Defensa de la Fundación Alem, Marcelo Seghini da contexto a la “uberización” de los militares encuentra su explicación en una cuestión más profunda: el deterioro de los salarios.
De acuerdo con un informe que circula entre cuadros militares, el personal perdió alrededor del 80% de su poder adquisitivo entre diciembre de 2023 y abril de 2026.
El mismo trabajo señala que los haberes de las Fuerzas Armadas permanecen entre un 25% y un 30% por debajo de los que perciben efectivos de rangos equivalentes en las fuerzas federales de seguridad.
Las diferencias son especialmente visibles en los escalones inferiores. Según el relevamiento, un subteniente del Ejército cobraba en mayo de este año alrededor de $926.000 mensuales, mientras que un empleado ingresante del Banco Nación superaba los $2,3 millones brutos.
El informe sostiene además que más del 60% del personal militar se encontraría por debajo de la línea de pobreza medida por la Canasta Básica Total.
El fenómeno aparece asociado al aumento de las bajas voluntarias.
Un informe elaborado con datos internos de las Fuerzas Armadas sostiene que más de 20.000 militares dejaron la institución entre diciembre de 2023 y fines de 2025.
Cada vez más efectivos solicitan permanecer en sus destinos actuales y rechazan traslados geográficos que históricamente formaban parte de la carrera militar.
Según explican fuentes castrenses, un militar que logró construir una segunda actividad económica en Buenos Aires, La Plata, Zárate o Córdoba muchas veces enfrenta un dilema cuando recibe una orden de traslado a otra provincia.
Si acepta el nuevo destino puede perder el ingreso complementario que sostiene a su familia. Si rechaza el traslado, su carrera queda condicionada.
Incluso algunos optan por abandonar escalafones operativos o de comando para acceder a funciones que permiten una mayor estabilidad geográfica, aunque impliquen menores posibilidades de ascenso.
















