La competencia de la Internacional Breast Cancer Paddlers Commission (IBCPC) se desarrollará del 23 al 30 de agosto en Aix-les-Bains, Francia, y contará con las modalidades de 200 y 500 metros. Este evento reunirá a 179 equipos de diversas partes del mundo, con aproximadamente 4500 mujeres de entre 45 y 71 años, todas ellas habiendo superado la enfermedad y buscando, a través del deporte, dar un significado positivo a sus experiencias dolorosas.
A diferencia de muchos torneos internacionales, el mundial de remo en bote dragón se celebra cada cuatro años en diferentes países. Hasta el presente, Argentina no había participado, pero eso cambiará este año. “Hace dos años se anunció la sede y comenzamos a formar el equipo, abriendo la convocatoria a mujeres de todo el país”, explicó Mariana, quien tiene 60 años y reside en Bariloche.
Actualmente, hay 23 equipos rosas en Argentina, que se extienden desde Santa Cruz hasta Misiones. Estos grupos ofrecen un espacio de “rehabilitación física y emocional” para mujeres que han enfrentado el cáncer de mama, aclaró una de las integrantes del equipo nacional.
La elección del remo sobre otros deportes tiene respaldo científico. El remo en bote dragón para supervivientes de cáncer de mama nació en 1996 en la Universidad de Columbia Británica, en Vancouver, cuando el fisiólogo Don McKenzie cuestionó la creencia de que las mujeres tratadas por esta enfermedad debían evitar ejercicios intensos del tren superior por el riesgo de linfedema.
Con el fin de comprobar esto, entrenó a 24 supervivientes durante tres meses, alentándolas a remar en botes dragón. Al concluir el programa, ninguna desarrolló linfedema y, además, las participantes reportaron sentirse más fuertes, saludables y felices.
“El informe médico demostró que la movilidad a través del remo era buenísima para evitar esta patología que se desprende del cáncer de mama”, enfatizó Rodríguez, quien agregó que este hito provocó la multiplicación de equipos de mujeres, sumando más de 300 en todo el mundo.
“El bote dragón tiene una simbología especial. Son 20 mujeres juntas, una al lado de la otra, que van todas para adelante, coordinadas y con la cabeza levantada. Además, estas embarcaciones son más estables, lo que proporciona una mayor seguridad”, valoró la capitana del equipo.
Para Mariana, la “repercusión emocional” de esta actividad es muy significativa para las mujeres que la practican. “Empezamos a sentirnos útiles, encontramos un motivo para salir.”














