Edmund Misson, una figura reconocida de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), la institución internacional responsable de las evaluaciones PISA, sostiene que estas habilidades son fundamentales. Según él, no se deben considerar un “complemento” en la educación, sino que deberían ser parte intrínseca del currículo que los sistemas educativos deben fomentar y desarrollar.
La visita de este experto australiano coincide con la primera participación del país en el Estudio de Habilidades Sociales y Emocionales (EHSE) de la OCDE, una evaluación que se aparta del enfoque tradicional de medir el rendimiento académico en materias como matemática, lectura y ciencias.
La Ciudad de Buenos Aires es la única jurisdicción del país que está incluida en esta tercera edición internacional. En esta ocasión, el estudio también se llevará a cabo en territorios de Brasil como Pará y Río Grande do Sul, y en varias ciudades de Colombia, incluyendo Bogotá, Cali y Barranquilla.
En colaboración con el Ministerio de Educación de la Ciudad, este estudio se llevará a cabo durante el presente mes y abarcará a 3.890 estudiantes de 15 años de edad, provenientes de 115 escuelas, tanto públicas como privadas, elegidas aleatoriamente. Además, participarán 690 docentes, 115 equipos de dirección y las familias de los estudiantes seleccionados. Los resultados individuales y por escuela se mantendrán en reserva y se darán a conocer en un plazo de un año.
Misson, quien actualmente se desempeña como director de la División de Innovación y Medición del Progreso de la OCDE, ha tenido una extensa trayectoria en el ámbito educativo. Anteriormente, ocupó puestos directivos en el Instituto Australiano para la Enseñanza y el Liderazgo Escolar y ha sido parte de iniciativas de diseño de políticas educativas en Australia y en Europa, actualmente reside en París.
Durante la entrevista, Misson respondió a la consulta sobre la creciente relevancia de las habilidades sociales y emocionales en los sistemas educativos de todo el mundo, destacando dos razones principales. “La primera es que cada vez reconocemos más que estas habilidades son importantes por sí mismas. Los empleadores manifiestan la necesidad de jóvenes que sean capaces de colaborar, que se relacionen adecuadamente con otros y que mantengan la perseverancia cuando enfrentan desafíos. Estas habilidades también resultan esenciales para fomentar la participación social, para ser ciudadanos responsables e interactuar de forma positiva con los demás. La segunda razón es que estas competencias están relacionadas con el rendimiento académico. En nuestra última edición de estudios, observamos que los alumnos que presentan un nivel superior de habilidades socioemocionales tienden a obtener calificaciones más altas. Por lo tanto, los sistemas educativos no deben optar entre una u otra; es posible y beneficioso trabajar en ambas dimensiones, ya que esto puede mejorar los resultados de aprendizaje.”
Al abordar cómo los docentes pueden desarrollar estas habilidades sin reducir el tiempo destinado a la enseñanza de contenidos, Misson aseguró que a veces es tan simple como tener en cuenta estas habilidades al momento de planificar las clases. “Un educador no debería limitarse a pensar únicamente en enseñar a multiplicar fracciones, por ejemplo, sino que también puede crear actividades que fomenten el trabajo colaborativo. La lectura y la literatura son herramientas excepcionales para el desarrollo de la empatía. Al leer una historia, incluso con niños pequeños, se les puede interrogar acerca de lo que piensan que está sintiendo un personaje en una situación específica, y por qué este podría haber dicho o hecho algo.”
La preparación de los profesores para enseñar estas habilidades ha sido otro punto discutido por Misson. Dijo que, en general, les informan sentirse menos equipados para enseñar habilidades socioemocionales en comparación con otras competencias académicas. Sin embargo, destacó algunas excepciones que pueden ser alentadoras. “Estuve en Turquía a inicio de este año y allí los docentes expresaron que se sentían muy preparados, tanto por la formación que reciben en los contextos de su formación docente como por su educación en universidades. Cuando un sistema educativo prioriza estas habilidades, es posible preparar a los maestros para que se sientan confiados en la enseñanza de estas competencias.”
Acerca de lo que esta evaluación permitirá conocer sobre los adolescentes en la Ciudad, afirmo: “En este momento estamos recolectando los datos, así que no podemos ofrecer resultados anticipados. Sin embargo, la información que obtendremos mostrará los niveles de 12 habilidades socioemocionales, tales como la empatía, la perseverancia y la regulación emocional, en diferentes grupos de estudiantes. Esto permitirá establecer comparaciones entre los adolescentes porteños y sus pares en otras partes del mundo. En ediciones previas, encontramos que los estudiantes de entornos socioeconómicos más vulnerables tienden a mostrar niveles más bajos de algunas de estas habilidades. También hemos observado diferencias entre géneros: generalmente, los varones suelen exhibir más confianza y energía, mientras que las mujeres reportan niveles más altos de empatía. Sin embargo, estos patrones no son universales y pueden variar entre diferentes sistemas educativos. De hecho, la comparación internacional nos brinda la oportunidad de identificar prácticas efectivas llevadas a cabo en otros países que podrían ayudar a mejorar los resultados.”
El experto también se refirió a los retos que plantea la evaluación de habilidades que no pueden ser medidas de la misma forma que se evalúan las materias académicas tradicionales. Explicó que la evaluación se basa en diferentes tipos de preguntas, muchas de las cuales son de opción múltiple, a la vez que incorpora actividades en las que los alumnos deben aportar sus propias respuestas. “En esta edición, hemos implementado un cambio significativo: hemos desarrollado una evaluación directa de la empatía. Presentamos una situación concreta que podría ser común en el entorno escolar y les pedimos que consideren qué podrían estar pensando o sintiendo los distintos personajes involucrados, así como cómo responderían si se encontraran en una situación similar.”
Durante la conversación, no se hizo caso omiso de la creciente presencia de la inteligencia artificial en las aulas. Al respecto, Misson reflexionó: “Este avance es interesante porque, en cierta medida, eleva la importancia de las habilidades humanas. Hemos llevado a cabo estudios que analizan las tareas que la inteligencia artificial puede realizar y las posibles repercusiones que esto tendría en el futuro laboral. Lo que observamos es que los empleos más difíciles de reemplazar son aquellos que requieren interacción humana, como es el caso de profesionales de la salud, maestros y abogados. Estas ocupaciones requieren habilidades interpersonales, comunicación y la capacidad de comprender a otros.
A su vez, comenzamos a notar que, aunque un estudiante utilice la inteligencia artificial para producir un resultado, eso no implica que haya adquirido conocimiento. En uno de nuestros estudios, se permitió a un grupo de alumnas utilizar inteligencia artificial para escribir un ensayo, y luego, durante el mismo día, debían mencionar al menos un concepto de lo que habían escrito. El 80% no pudo hacerlo. En comparación, entre aquellos que redactaron su trabajo sin esta herramienta, o que solo usaron Google, solo un 10% no recordaba lo que había escrito.
Esta brecha es significativa, y hemos denominado este fenómeno “rendimiento sin aprendizaje”: un alumno puede completar exitosamente una tarea, pero no ha aprendido nada durante el proceso. Este es uno de los riesgos más alarmantes que presenta la inteligencia artificial en el ámbito de la educación.
Sin embargo, si se utiliza de manera adecuada, la inteligencia artificial también puede facilitar el aprendizaje. Una herramienta capaz de identificar áreas de dificultad en un estudiante, formular preguntas pertinentes y proporcionar pistas sin ofrecer directamente las respuestas, puede funcionar como un tutor individual. En una clase de 20 o 30 alumnos, un docente no siempre puede ofrecer la atención personalizada que cada estudiante podría necesitar. Es fundamental que el educador mantenga el control de la situación y decida cuándo y cómo usar estas herramientas.
Finalmente, la charla abordó cómo otros países están enfrentando el desafío del uso de tecnología en la educación. Misson comentó que hay enfoques variados. Algunos países europeos están buscando minimizar la presencia tecnológica en las escuelas, marcando un cambio respecto a las tendencias de las últimas dos décadas. En ciertos contextos se ha evidenciado que la tecnología puede obstaculizar el aprendizaje. Por otro lado, naciones de Medio Oriente, India y China están invirtiendo fuertemente en estas herramientas, dado que buscan que sus estudiantes sean expertos en su utilización. Muchos sistemas educativos se ubican en una posición intermedia, intentando hallar un equilibrio. Sin embargo, el veloz avance de la tecnología complicó este proceso, y los países aún luchan por adaptarse. Por ello, también es esencial aprender de las experiencias de los demás.
Sobre el impacto de los dispositivos móviles en el aprendizaje, Misson indicó: “En los resultados de PISA recientemente publicados, observamos que las distracciones derivadas de los dispositivos en el aula son un fenómeno común que parece impactar negativamente en el rendimiento académico. Los sistemas que han logrado contener mejor este problema suelen contar con políticas concretas al respecto. De hecho, está comprobado que una prohibición generalizada de teléfonos móviles puede tener un efecto beneficioso en los resultados académicos.”
La caída en la comprensión lectora es otro tema de creciente preocupación que ha emergido en los resultados internacionales de PISA. Respecto a ello, Misson subrayó que al analizar estos resultados, se nota que las mayores dificultades se presentan en las tareas que requieren la lectura de textos largos, búsqueda de información en diferentes secciones y la capacidad para relacionarla a fin de formular respuestas.
“Creemos que el problema no se limita únicamente al uso de la tecnología en el aula. Está relacionado con la forma en que la sociedad, en general, consume información, lo cual nos incluye a todos, no exclusivamente a los estudiantes. A menudo, nos resulta más complicado mantener la concentración durante períodos prolongados y trabajar con textos extensos. Las escuelas deben ofrecer oportunidades para recuperar esta práctica.
Es crucial incorporar instancias en las que los alumnos se desconecten de sus dispositivos, lean textos largos y participen en discusiones que les permitan desglosar la información para desarrollar argumentos. Para lograr esto, desde los primeros años, es fundamental que los niños se conviertan en buenos lectores.
Una consideración adicional es que históricamente, la lectura ha sido herramienta clave en el desarrollo del pensamiento crítico. Ahora resulta esencial aprender a detectar noticias falsas, contenidos generados por inteligencia artificial y manipulación de videos.
La habilidad contemporánea consiste en reflexionar críticamente sobre lo que leemos, vemos y escuchamos. Necesitamos enseñar esto para que los adolescentes comprendan el mundo de imágenes y contenidos digitales en el que están inmersos.
















