Se estima que aproximadamente 25,8 millones de niños ya están experimentando, o experimentarán, en los próximos meses las consecuencias de este fenómeno climático inusual y poderoso. Las repercusiones de El Niño variarán según la subregión. En el caso de la Argentina, así como en países como Brasil, Chile, Ecuador, Perú, Uruguay y Paraguay, se prevé que las precipitaciones superen los niveles promedio, aumentando el riesgo de inundaciones y afectando la infraestructura, escuelas, servicios de salud y sistemas de agua, con efectos directos en la vida cotidiana de los más jóvenes.
Dada la severidad anticipada del evento, los gobiernos de la Ciudad Autónoma y de la Provincia de Buenos Aires han informado sobre la aceleración de obras, monitoreos y medidas preventivas frente al riesgo de inundaciones.
La Organización Meteorológica Mundial (OMM) indicó que el fenómeno “se intensificará hasta convertirse en un evento de magnitud muy fuerte” que provocará cambios significativos en los patrones de temperatura y precipitación, generando riesgos de inundaciones, sequías y olas de calor extremas, dependiendo de la región.
Mientras que en Argentina y otras naciones se prevén inundaciones, en el extremo opuesto, el corredor seco de América Central, que incluye partes de Guatemala, El Salvador, Honduras y Nicaragua, “se anticipa una disminución de las precipitaciones que impactará la producción agrícola, aumentando la inseguridad alimentaria y el riesgo de malnutrición para niños y familias que ya lidiaban con dificultades para acceder a alimentos y agua potable. Estas condiciones también podrían interrumpir el acceso a la educación y la continuidad del aprendizaje”, describe el comunicado de Unicef.
En el Caribe, las sequías previstas afectarían los medios de vida de las comunidades más vulnerables en el Caribe oriental y Jamaica, además de agravar las crisis prolongadas en Cuba y Haití. Por otro lado, con el inicio de la temporada de huracanes, las cálidas aguas del Caribe aumentan el riesgo de daños devastadores para cientos de miles de niños y sus familias.
Otras partes de América del Sur, como Bolivia, Colombia, Chile y Venezuela, enfrentan una disminución en los niveles de embalses y un creciente riesgo de incendios forestales. En la cuenca amazónica, las condiciones de sequía podrían disminuir los niveles de los ríos, aislando potencialmente a comunidades ribereñas e indígenas.
“Los efectos cada vez más visibles y severos de El Niño amenazan con empujar a aún más niños, niñas y adolescentes a situaciones de mayor vulnerabilidad y profundizar las desigualdades existentes”, afirmó Roberto Benes, director regional de Unicef para América Latina y el Caribe. “Debemos actuar ahora para fortalecer la preparación, proteger los servicios esenciales y garantizar que la niñez reciba el apoyo que necesita”, añadió.
Las autoridades de Unicef informaron que están colaborando con gobiernos y actores humanitarios en toda la región para mejorar la preparación ante emergencias. Esto incluye el monitoreo y análisis de riesgos, la estimación de impactos y la identificación de acciones clave antes, durante y después de los eventos climáticos. “Asimismo, se respalda la activación de mecanismos sectoriales para implementar acciones anticipatorias, asegurando que los servicios esenciales lleguen a quienes más los necesitan”, se comunicó.
En Argentina, se anticipan diversos efectos, aunque se destaca, como se mencionó, la probabilidad de un incremento tanto en volumen como en intensidad de precipitaciones, especialmente en la Cuenca del Plata, desde Misiones hasta Buenos Aires, así como en Mendoza y parte de Cuyo. Todo indica que se registrarán lluvias por encima de lo habitual en los próximos meses, pero también podría haber episodios de lluvias tan intensas como las ocurridas el año pasado en Bahía Blanca y localidades cercanas.
La severidad del fenómeno exige una actualización de las estrategias de gestión pública en prevención, que abarcan desde el mantenimiento y la construcción de infraestructura hasta los planes de respuesta y sistemas de alerta temprana. Desde el gobierno de la Ciudad afirmaron haber acelerado y reforzado las medidas de prevención y respuesta ante inundaciones y tormentas, involucrando a los ministerios de Infraestructura y Movilidad, Espacio Público e Higiene Urbana, junto a Defensa Civil, Bomberos y la Policía.
Por su parte, la gobernación de la Provincia de Buenos Aires, a través del Ministerio de Infraestructura y Servicios Públicos, está implementando un Plan de Gestión del Riesgo frente al Cambio Climático. Este programa incluye una inversión estimada de $2,1 billones para prepararse ante eventos climáticos extremos, como el Súper Niño, combinando obras de infraestructura con medidas de prevención y monitoreo, con el objetivo de anticipar riesgos y disminuir la vulnerabilidad de la población y las actividades productivas. Esta estrategia parte de un contexto donde los suelos están saturados y se espera un aumento en la intensidad de las lluvias.














