El proceso judicial se centró en evidenciar la personalidad del homenajeado, quien contaba con 42 años al momento de su fallecimiento. Una investigadora presentó diversos testimonios que describían a Aramburu como una persona dinámica, atenta, respetuosa y generosa, que prefería calmar los altercados en vez de intensificarlos.
Su esposa María y sus tres hijos han sido profundamente afectados por el impacto de su fallecimiento. María comentó que comenzó a recibir asistencia psicológica tras el trágico suceso, y que al enterarse de la muerte de su esposo sufrió falta de aire, palpitaciones, ataques de llanto y angustia, así como dificultades para llevar a cabo sus actividades cotidianas durante meses, según informaciones recopiladas.
Cecilia Aramburu, madre del ex jugador, se presentó como parte civil y relató cómo su esposo le comunicó la trágica noticia. Aquella mañana, él contestó una llamada de un amigo que inquirió sobre Federico y entendió que había sucedido algo grave; luego, contactó a María para confirmar el fatídico desenlace. “Entiendo que este es el lugar, el momento y el sitio para hablar de Federico. Pero para nosotros es muy difícil no decir en voz alta que este crimen no debería haber ocurrido, que podría haberse evitado”, expuso.
En su relato, Cecilia mencionó que su marido la despertó con cuidado para no alterar el sueño de su nieta, quien estaba en la casa. Inicialmente, pensó que traía una buena noticia, pero al salir de la habitación, su marido se giró para hablarle, revelando así la dura realidad. “Recibió una llamada de un amigo que quería saber qué pasaba con Federico. Allí comprendió que algo grave había ocurrido… Así que llamó a María, quien le dijo que Fede había muerto”, narró.
Con la voz entrecortada, enfatizó que el crimen podría haberse evitado y expresó que su hijo se encontró con individuos que llevaban “violencia, odio, armas de fuego y una cierta forma de impunidad”. Los dos acusados escucharon su testimonio cabizbajos, un detalle subrayado por los medios.
Cecilia también manifestó su deseo de que los imputados comprendan la gravedad de sus acciones antes de poder reintegrarse a la sociedad. “Creo que estamos frente a criminales que no saben qué es la humanidad”, afirmó, añadiendo que mientras no lo entiendan, seguirán siendo una amenaza. “El médico me recetó medicamentos para poder asistir al funeral. Durante el funeral, no entendía”, compartió en otro segmento de su declaración.
Thomas Lievremont, antiguo capitán de Biarritz y amigo de Aramburu desde 2004, también prestó declaración como parte civil. Compartió que el duelo por su amigo se comparaba con las pérdidas de su padre y hermano, ambos por enfermedades prolongadas, y afirmó que el tiempo no ha aliviado su ausencia. “Encarnaba la bondad en estado puro, era alguien fiable, tranquilo, generoso y respetuoso”, declaró Lievremont. “Daba felicidad a la gente, facilitaba la vida. Nunca conocí a nadie así”.
Lievremont mencionó que la noche del 19 de marzo de 2022 alteró su vida y que aún no comprende por qué Aramburu murió. “Desde entonces, la vida no ha sido la misma”, expresó. Tras su declaración, Hugues Vigier, abogado de uno de los acusados, se acercó a él para reconocer su homenaje a la memoria de su amigo y su familia.
Asimismo, un destacado figura de Los Pumas, Gonzalo Quesada, actual entrenador de Italia y amigo cercano de Aramburu, no pudo contener las lágrimas al relatar su testimonio ante la Corte. Recordó a Aramburu como una persona “humana, alegre, generosa, fiel y leal”, enfatizando que jamás lo vio perder el control en las numerosas ocasiones que compartieron.
Quesada también se refirió a las imágenes del homicidio reveladas por los medios. Aunque no estuvo presente en el incidente, consideró que el acto de Aramburu al tirar de la capucha de Loïck Le Priol fue una reacción defensiva ante lo que percibió como un ataque hacia su amigo Shaun Hegarty en una mesa cercana. “Desde que me uní al Biarritz Olympique, nos convertimos en hermanos. Cuando supe cuántos amigos tenía…”, dijo, haciendo una pausa por la emoción.
Un ex osteópata de Biarritz Olympique recordó su encuentro con el argentino y cómo su complexión física lo llevaba con frecuencia a la enfermería. A partir de una pasión compartida por el vino, su relación se transformó en amistad. El profesional compartió una anécdota de una visita a una ganadería de toros, donde un toro escapó y Aramburu salió en su ayuda, impidiendo daños graves.
Además, una ex profesora de francés del País Vasco relató que Aramburu y Hegarty buscaban continuar su educación mientras jugaban en Biarritz, preparándose para su futuro fuera del rugby. Describió a Aramburu como un alumno dedicado y agradecido, quien finalmente obtuvo su diploma.
La reconstrucción de su entorno personal reveló un aspecto común entre quienes lo conocieron: Aramburu evitaba las discusiones y brindaba tranquilidad. Un testimonio de la investigación resumió esta percepción: “No existe un Fede malo”, manifestaron los que hablaron durante el juicio.
Según la investigación, los acusados encontraron a Aramburu y Hegarty al salir de un hotel, y el ataque fue perpetrado en menos de un minuto tras el inicio de una pelea en el bar Mabillon de París. La confrontación se desató cuando Loïk Le Priol, principal acusado, le dio una “pequeña bofetada” a Hegarty. Aramburu reaccionó tirando de la capucha, lo que desencadenó una pelea donde varios testigos afirmaron que los dos rugbiers dominaban la situación.
La secuencia de disparos fue un punto clave en el juicio. El director de la investigación indicó que se dispararon seis balas en 45 segundos, los últimos cuatro proyectiles en solo cuatro segundos. Testigos que estaban en la escena poco después del crimen describieron que uno de los hombres disparaba contra el otro con el brazo extendido. El comisario Maximilien Gruselle, encargado de la investigación, mencionó que el cuerpo de Aramburu estaba cubierto por un biombo al llegar al lugar, y las heridas evidenciaron la brutalidad del ataque. Recibió dos impactos frontales, en el muslo derecho y las costillas izquierdas, así como otros cuatro disparos en la espalda, incluyendo uno en la columna vertebral.
Esa noche, Aramburu había cenado junto a Marcelo Bosch, José Orengo y Octavio Bartolucci, también ex compañeros de la selección argentina. Tenía planes de asistir con otros amigos al partido entre Francia e Inglaterra por el Torneo de las Seis Naciones al día siguiente, evento que iba a realizarse en el Stade de France.
El ex Puma participó en 22 partidos con Argentina, anotando ocho tries, siendo uno de los más recordados el que realizó ante Francia durante el encuentro por el tercer puesto en el Mundial de 2007. Tras su retiro, se radicó en Biarritz, club con el que se consagró bicampeón del rugby francés. Asimismo, formó parte de USA Perpignan entre 2006 y 2008, US Dax entre 2008 y 2010, y Glasgow Warriors de Escocia entre 2010 y 2012.














