La trama recuerda a la serie Designated Survivor, donde un atentado hace que un funcionario sin relevancia tome las riendas del país más poderoso del mundo. La realidad que vive Pérez guarda cierta similitud.
Todo comenzó en abril, cuando Javier Mascherano renunció a su puesto en el Inter Miami, siendo sucedido por Guillermo Hoyos. Este exfutbolista cordobés, con una carrera particular y antecedentes en equipos como Aldosivi, Talleres, Oriente Petrolero, Once Caldas y Bolívar, fue elegido en parte por su vínculo con la familia de Messi, desarrollado durante su etapa como asistente en Barcelona.
Sin embargo, el desempeño de Hoyos fue decepcionante, quedando eliminado de la Leagues Cup y a 10 puntos del líder en la MLS. Por eso, el Inter Miami, la franquicia más valiosa de la liga, valorada en 1.450 millones de dólares, decidió buscar un reemplazo. El elegido fue el argentino Cristian Kily González.
Ahí aparece el destino para el inusitado Rafa, sobre quien no se ha conseguido mucha información, ni siquiera recurriendo a diversas fuentes tecnológicas actuales. Su presencia en redes sociales es escasa, y su apellido presenta múltiples variantes que complican aún más la búsqueda. La MLS le ofreció una oportunidad única al venezolano.
Con González recién llegado a Miami, Hoyos se preparaba para dirigir lo que sería su último partido. Agradecido por la chance brindada por David Beckham y su equipo, no obstante, recibió una sanción debido a una infracción: su equipo demoró demasiado en salir al campo, en violación de la estricta “Late Kickoff Policy” de la MLS. Por lo tanto, tuvo que observar el encuentro contra Montreal desde un palco.
De este modo, entre la espera de González y la sanción a Hoyos, el azar llevó a que sea Pérez quien figure como técnico del Inter Miami en una noche que quedará grabada en su memoria: dirigir a figuras como Casemiro, Rodrigo De Paul, Luis Suárez y, por supuesto, a Lionel Messi.
















