Uno de los temas centrales discutidos fue la distinción entre empresas diseñadas para abordar problemáticas ambientales o sociales desde sus inicios y aquellas que integran la sostenibilidad como una práctica secundaria. En este contexto, Ramos afirmó que “las empresas que nacen con un propósito definido lo tienen dentro del core del negocio y utilizan la fuerza del mercado para impulsar esa solución”.
Arias aportó una visión adicional y enfatizó que su organización no es una ONG, a pesar de las confusiones al respecto. “Somos una empresa del sector privado, queremos hacer plata, nos parece que está bien hacer plata, pero cada vez que ganamos un dólar está generando impacto de forma totalmente directa”, declaró.
La organización que representa ofrece herramientas prácticas para facilitar este proceso, como una evaluación de impacto accesible para cualquier empresa, sin importar su tamaño o sector, y un sistema de certificación que requiere cambios estatutarios y compromisos públicos. “La empresa sola no puede. Necesitamos que el consumidor elija, que los proveedores acompañen, que el cliente pida, que el Estado reconozca”, señaló Arias, añadiendo que las universidades también desempeñan un rol clave en este cambio cultural.
El caso de la firma de Mirabella evidencia cómo una propuesta basada en lo cotidiano puede generar un nuevo mercado. Mirabella relató que, hace diez años, su empresa introdujo el cepillo de dientes de bambú en el país. “Lo que hicimos fue reemplazar desde los materiales un producto cotidiano y traer una opción sustentable. Cuando vimos que crecía, nos dimos cuenta de que había un montón de oportunidades más para seguir transformando los hábitos de la gente”, compartió el cofundador.
Con el tiempo, la empresa ha diversificado su línea de productos de cuidado personal siguiendo el mismo concepto: “No es un tema de transformar los hábitos de la gente, sino acompañarlos, educarlos y también brindar soluciones, porque ahí está el quid de la cuestión”, manifestó Mirabella.
Por su parte, la trayectoria de la empresa de Ramos se centra en la gestión eficiente del agua. Originados en Córdoba, desarrollaron un software para ayudar a los agricultores a optimizar el riego. Sin embargo, Ramos señaló un desafío inicial que llevó a repensar el modelo: “El agua es un recurso que prácticamente es gratuito en toda América Latina, entonces no está dentro de la línea de prioridad del agricultor”.
La solución que implementaron fue conectar a los productores con empresas que han establecido compromisos firmes en materia de seguridad hídrica. “Si tengo una planta de producción en una cuenca donde el día de mañana voy a tener racionamiento de agua, pierdo plata”, explicó. Actualmente, la empresa opera en siete países, con proyectos destacados en la cuenca del río Mendoza, una de las regiones más áridas de Argentina. Su enfoque fundamental se basa en el pago por servicios ecosistémicos: las empresas financian la modernización del riego por parte de los agricultores, quienes reciben un pago si logran reducir su consumo de agua. “Eso fue un cambio radical que nos ayudó a escalar de forma mucho más rápida en el continente”, concluyó Ramos.
















