Según datos del Banco Central (BCRA), la morosidad en los créditos destinados a los hogares aumentó del 2,5% al 12,8% en los últimos 20 meses. El segmento con la situación más crítica es el de los préstamos personales, donde el 15,9% de los financiamientos presenta atrasos en los pagos.
Las dificultades de las familias para cumplir con sus obligaciones bancarias han llevado a que la TNA de los préstamos personales en julio alcanzara un promedio del 66%, contrastando con una inflación esperada del 22,3% para los próximos 12 meses, según el último Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) del BCRA. Desde el inicio del año, la tasa media mensual ha mostrado escasos cambios.
Por otra parte, en el mes que está por concluir, la TNA promedio de los plazos fijos BADLAR, aplicable a depósitos superiores a un millón de pesos, fue de casi 21%, cifra inferior a la inflación proyectada por analistas. Aunque todas las tasas de interés han disminuido desde los picos registrados antes de las elecciones legislativas del año pasado, la reducción en las tasas pasivas ha sido más significativa en comparación con las tasas activas aplicadas a créditos personales.
El spread promedio de 2026 entre la tasa de los préstamos personales y la de plazos fijos se sitúa en 2,81, una brecha no vista desde 2012 en los primeros siete meses de un año. En este contexto, el economista Andrés Salinas advirtió que esta disparidad desalienta tanto a los ahorradores a dejar su dinero en los bancos como a las familias a solicitar préstamos, resultando en una menor circulación de recursos en el sistema financiero.
Además de esta diferencia, la consultora Econométrica ha estimado que el costo financiero total anual de los préstamos personales asciende al 82,8% en términos nominales y al 122,7% en términos efectivos. Sebastián Cao, analista de la consultora, detalló que esto se debe a la acumulación de riesgos, rentabilidad estructural y carga impositiva.
“El riesgo del crédito debería ser ponderado por individuo, pero en la práctica se agrupa por carteras de clientes bajo la misma tasa”, analizó el especialista en finanzas.
Ante esta problemática, el magíster en finanzas Fernando Corvaro sugirió que el Gobierno podría considerar reducir o eliminar los impuestos que afectan la diferencia entre tasas pasivas y activas, argumentando que “con la brecha actual, es imposible que el crédito fluya”.
A su vez, Javier Bolzico, presidente de ADEBA, crítica la carga impositiva del sector financiero, afirmando que “los impuestos sobre las operaciones financieras disminuyen el retorno de los depósitos y elevan el costo del crédito”, resaltando la imposibilidad de desarrollo del crédito ante tasas impositivas de hasta 8% en algunas jurisdicciones.
Salinas añadió que para estabilizar las tasas activas es fundamental continuar consolidando la estabilidad macroeconómica. Aunque una disminución de la carga impositiva en la intermediación financiera podría favorecer la situación, esta medida puede ser políticamente impopular. También sugirió la posibilidad de trabajar en sistemas de información crediticia para reducir la morosidad esperada, advirtiendo sobre la volatilidad que pueden generar las elecciones presidenciales de 2027.
El costo elevado del financiamiento está impactando negativamente en la economía. Matías Rajnerman, jefe de Macroeconomía del Banco Provincia (Bapro), señaló que mientras los préstamos empresariales crecieron alrededor del 5% en términos reales en julio, los préstamos personales registraron una caída del 1,5%. “El crédito comienza a centrarse más en el flujo de caja de las empresas, dejando de lado el consumo”, advirtió. A su entender, los bancos prefieren ofrecer créditos ‘a bajo costo’ a empresas, donde el riesgo de impago es menor, en vez de a familias que se encuentran en situación complicada.
Desde Bapro, sostienen que la morosidad es lo que mantiene altas las tasas de préstamos personales, y que los atrasos no se deben a una falta de educación financiera, sino a problemas macroeconómicos relacionados con insuficiencia de ingresos.
En este sentido, Rajnerman sugirió que la respuesta del Gobierno debería orientarse a los ingresos, aunque también mencionó la posibilidad de que el Ejecutivo continúe atacando las consecuencias en lugar de las causas, flexibilizando ciertos encajes para créditos personales.
Un informe reciente del Provincia reveló que un millón de personas de las cuatro millones que han comenzado a presentar atrasos en sus pagos no han aumentado su nivel de deuda desde julio de 2024. “El problema no radica en un aumento de los pagos, sino en la disminución de sus ingresos, lo que les ha llevado a poder pagar menos”, apuntó la entidad bancaria.
Finalmente, sostuvieron que 1,2 millones de personas que entraron en mora sí aumentaron su pasivo, destacando que el incremento del crédito no se dio tanto para financiar gastos extraordinarios, sino como un hábito defensivo para mantener ciertos niveles de gasto en un contexto de disminución de ingresos.
















